Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

Vacaciones de Verano para Valentina – por Azulina Llano González (Oviedo)

Contaban con diecisiete primaveras. Verano de 2008, a punto de llegar el comienzo del nuevo y último curso. La vida era fácil por muy complejas que fuesen las circunstancias en las que te tocaba vivir. Siempre podían complicarse y de hecho si puede ocurrir pasará, porque el mero transcurrir del tiempo lleva inevitablemente a enmarañar hasta los asuntos más cotidianos. Eran días en los que te permitías sentir las emociones intensamente, tal cual se presentaban.
Subyugarlas al raciocinio era algo que no parecía tener cabida en la vida adolescente y aquella tarde había sido un claro ejemplo de esas experiencias que, con el tiempo, tienes la sensación de que han sucedido sólo para convertirse en paradigmas de cómo deberían ser el resto de episodios de tu
existencia. Como los sueños y las expectativas que todos albergamos en nuestro interior. Cuán decepcionante era el paso de los días a la espera de corroborar si esos anhelos y pequeñas ambiciones se cumplirían.
El presente resultaba un tiempo en el que la intensidad de los sentimientos brillaba por su ausencia, pero la coqueta villa de las vacaciones de la infancia se había convertido en un hito imprescindible, casi consustancial a los momentos buenos. Breves y limitados flashes que mayoritariamente contaban con ese denominador común. Era un aparte de todo, un respiro, otra vida. Un retiro para la mente y una oportunidad para reconectar con las emociones puras, desprovistas de complejos y exentas de autocensura.
Los mismos verdes prados acogían sus cuerpos con nuevas briznas que, al compás de sus movimientos, acariciaban las pieles desnudas. El sol de un cielo despejado pugnaba por competir con el ardor que los consumía por dentro y el silencio que envolvía la pradera se llenó de la gozosa melodía de un deleite postergado por el propio de devenir de la vida. El sino o el arbitrio, poco más daba la razón subyacente. Sólo importaba el ahora, sin implicaciones paralelas.
El retorno momentáneo a los tiempos de la inocencia y la reconexión con los instintos básicos y primarios, esa mitad animal de los seres humanos. La naturalidad del momento y nada más.

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