Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

Trail – por Héctor Iván Gil Curry (México)

Sonó el despertador a las 05:00 a.m. Elsa y Daniel se levantaron de la cama, se alistaron con lo necesario para su rutina semanal: playeras ajustadas, shorts de licra, calzado deportivo para terreno abierto. A las 05:30 a.m. estaban montados en su vehículo y condujeron por cuarenta y cinco minutos; a las 06:30 a.m. habían ya llegado al despoblado, terreno boscoso aislado de lo citadino, su santuario privado.
Iniciaron su paso, adentrándose en los sinuosos senderos del terreno, justo al momento en que las nubes comenzaron a descargar la lluvia sobre ellos. Mientras sus cuerpos se humedecían, mantenían tenazmente su paso de forma sincronizada.
Paralelo uno al otro, sus tensos músculos de las piernas les hacían cobrar agitada respiración, jadeante, inhalando y exhalando juntos, emanando blanquecino vapor que en el aire se entremezclaba con los aromas en rededor.
Muy pronto estaban húmedos, igual por la lluvia que por el sudor de su esfuerzo conjunto; las prendas empapadas se adherían a sus cuerpos. En ella, remarcando la firmeza de su pecho, que lo hacía balancearse sincronizadamente con su marcha; sus aureolas, notoriamente resaltadas; Daniel de reojo lo percibió y, en él, resaltó con notoriedad la firmeza de su reacción, sin por ello perder el paso; Elsa de igual forma observó la silueta de su virilidad, haciéndole recordar la noche anterior.
Los aromas empapados de la naturaleza invadían sus sentidos, les embriagaron de vitalidad y energía. Al llegar a una pendiente; ella se colocó frente a él y, mientras ascendía, Daniel observaba la fortaleza de sus glúteos tensos, firmes, similar a como la noche previa los disfrutó. Ascendieron donde él, desde atrás, empujaba, jadeaba, la impulsaba a acelerar, mientras ella agitada exhalaba un aliento cálido que en el aire se desvanecía. Empujaron, fuerte, intenso, juntos, con sus fuertes piernas, empujando.
Posteriormente, vino el descenso, pronunciado, y ambos aceleraron el paso,
entregándose al frenesí de la caída, rumbo a su destino conjunto. Aceleraron juntos, sus cuerpos sincronizados. Se miraban de reojo, agitados, sudando y emanando fluidos por cada poro de sus cuerpos, hasta que, finalmente, terminaron juntos.

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