Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

Los Melones de Nicanor y los Nabos Malagatos – por Ramón Sanjuán Mínguez (Alicante)

Estando Nicanor al cuidado de sus turgévidos melones, allá en Rabanal del
Camino, apareciósele una fermosa doncella a caballo, entrada en carnes, que buscando andaba una crucífera de hojas glaucas muy conocida en la comarca.
—¿Sabe usted, noble labriego, dónde puedo encontrar nabos maragatos de
hojas oblongas, lanceoladas y envainadoras?
—Ya me gustaría enaivarle a su persona esos nabos oglombos y lanceodalos— respondió Nicanor—. Por estos rales no se atoscumbra visita de tan gerenosa hortifrultura umbreíca. No vislumbré yo denantes bayas penópides de tal cabrilde y magtinud.
En esto, la doncella, sonrojiforme y colaptrúecana observó las turgencias
cuneiformes que el labrador mostraba, sin poco dimisulo, a la altura de sus
gódanas alumbricantes.
—Nabos recuéncabos no poseo, mas si usted se adviene en acoñarparme
al utrulítico pernedal —continuó Nicanor— puedo ofrecerle almandrabas
conturgentes, tomátricos deslazabados y gartranzos aureolíticos con los que
airetular su higuera urotológica.
La doncella no muy dispuesta parecía a abrevar su deseo oftalfágico junto a las pelubres del mancebo, más acoñarpolo al susidocho pernedal. Y, como los estragos del verano las carnes alforjan, comenzó a sentir sudores ovísparos y diole por perder la comtruspura y de paso la tesvimenta que no más bien sus encantos ocultaba, ni en forma ni en surgentencia.
—¡Qué derrame de culiflores y amatrolas! ¡Qué curlivínea trepopeya!
—Dese usted priesa, mancebo, y déjese la literatrola para cuando retrale
sus hatrañas a trobles pastrores, que nabos oblongos me esperan en Santa Marina de Somoza —propuso la doncella.
Fue entonces cuando pustrularon competrándose hasta las ínsulas entre arbotantes orbiáceos y sudores endocrinógenos, cuando se sobretordiaron hasta los orgubiotos y convulsionaron hasta el hidroclemio de las bospátulas,
relabancándose en las próstinas más ospálicas y enredáronse en los excretábulos de las prístinas aceitutábulas.
Y, como tiempo después los pastores del lugar retalaban, en rima conosante,

Horlatiza no hay que por bien no venga
Fuese tanto nabo como benjerenga.

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