Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

La Casa de los Malvones Rojos – por Marcelo Medone (Argentina)

Francisco taloneaba su alazán levantando polvo por las afueras del pueblo. Todas las mañanas desfilaba al trote lento frente a la casa de los malvones rojos: las alpargatas de
yute inmaculadamente blancas, el pantalón azul de lino bien planchado, la impecable camisa celeste de algodón, la chaqueta de cuero lustrosa, el coqueto pañuelo a rayas anudado al cuello huesudo, el chambergo de fieltro apenas ladeado ocultando sus cabellos entrecanos, la mirada absorta en la figura de Carmina agachándose para arrancar unas malezas de entre los tomates, las espinacas o los puerros de su pequeña huerta.
Si Carmina se enderezaba y sonreía, Francisco se detenía un instante, respondía con otra sonrisa y un saludo de la mano, se acomodaba de nuevo el chambergo y seguía su camino, con el alma y el cuerpo más tibios y despiertos.
Hacía ya seis meses que el finado Gervasio la había dejado viuda a Carmina a sus cuarenta bien llevados años, cuando lo perdió un disparo una noche de juerga en el pueblo.
Francisco siempre la había codiciado a Carmina, desde que era chica y él ya era arriero.
Ahora, a sus sesenta años, sentía que le volvían las ganas que había escondido.
Esa mañana de otoño, Francisco pasó por lo de Carmina más temprano, con el sol recién salido y el rocío brillando los pastos. Se bajó del alazán, lo ató en la tranquera del frente y enfiló por el sendero en dirección a los malvones encendidos que lo llamaban, con sus alpargatas inmaculadas, su pantalón bien planchado, su camisa impecable, su chaqueta lustrosa, el pañuelo bien anudado, el chambergo ladeado, la mirada altiva y un ramo de flores silvestres en sus manos temblorosas.
No hizo falta que tocara a la puerta. Carmina lo metió adentro de un manotazo. Volaron las flores y salieron espantados unos pájaros adormilados. Sin pedirle permiso, lo llevó hasta la cocina, donde estaba amasando el pan para el desayuno, se recostó de espaldas sobre la vieja mesada de madera y se recogió las faldas, ansiosa, con los muslos pálidos abiertos como los gajos de una fruta madura, húmeda y hospitalaria. Francisco se olvidó de sus modales y extrajo su miembro ya tieso, para entrarle a tanta carne hirviente y fuerte que reclamaba un compañero dispuesto.
Dos horas se quedó Francisco desfogando a Carmina, aprendiendo a recorrerla memorioso, entre corcovos de yegua y padrillo. Luego, saciados, ella lo despidió con caricias dulces y un largo beso con sabor a café negro y pan recién horneado.
Allá partió retrasado para el campo Francisco, con las alpargatas manchadas, el pantalón y la camisa arrugados, la chaqueta sucia de harina, el pañuelo olvidado, el chambergo torcido, la mirada alucinada, el alazán fresco y descansado, en un trote sin apuro que lo llevaba flotando en una nube de polvo manso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

MasticadoresFEM

"Solo quiero que se me recuerde como una persona que quería ser libre” Rosa Parks

Isabel Alonso Díez

Arte & Activismo

A Tinta China

Plasmando palabras, a la luz de la pluma

Buscando el sentido de un instante

Alberto Blanco González

Entre paleras y encinas.

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

Puentes de papel

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

RETAMAS Y CODESOS

Página de literatura, reseñas y poemas

ENTRE LA SOLEDAD Y EL APLAUSO... ESCRIBO

Soy un reflejo de mis historias, si no escribiera sería una sombra de mi misma

David Ortega

Blog literario y filosófico

POETAS EN LA NOCHE

Poesía, cuentos y relatos

Lo irremediable

Cine Filosofía Fotografía Literatura Música Pintura

Andiñuela de Somoza

Pueblo maragato, perteneciente al ayuntamiento de Santa Colomba.

Versos en la Somoza

Poesía en el umbral de la Maragatería

TAM-TAM PRESS

TRAFICO DE CULTURA / Piensa, crea, actúa, retumba...

Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

WordPress.com en Español

Blog de Noticias de la Comunidad WordPress.com

A %d blogueros les gusta esto: