Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

Interiores – por José Luis Cabrera Ayala (Madrid)

Hay olores que solo se tocan desde la inconsciencia. Y luego estas tú, ahí fuera, o donde quiera que estés, en esa otra cueva donde te llevaron, cuando llegó la glaciación. Y aun por la noches, dentro de esta cavidad en la que llevo encerrado meses sin ver la luz, espero a que revierta lo de fuera y vuelva a ser todo como antes, si es que algo puede volver a ser como antes.
Y entre estas paredes de piedra, solos, la sombra terca y yo que recuerdo, nadie más, a cara de perro. En la espera, las sombras que se forman por ese delicado hilo luz que se cuela aquí dentro, entre las paredes de la cueva, me sirven para imaginar figuras que se dibujan y se entrelazan, para recordarme tu piel, que olía a vid y a suavidad y al agua fresca que por la mañana rebosaba en la presa, y tus formas crujientes y esponjosas. Entonces todo cobra sentido, porque recorrería tus geografías y llegaría a tu laguna, húmeda siempre, aun sin agua, y merodearía por los caminos que llevan al Soldán, y las trenzas de nuestros cuerpos entretejidos, y me recrearía en los caminos sinuosos de tu
caricias, y lamería las moras y sorbería los riachuelos que me llevan a tu vientre, y luego, como siempre, me entretendría en el delicado huerto que está junto al río de tus muslos, y lo abriría, y te llevaría como nadie te ha llevado a conocer las alturas y las cigüeñas del campanario, y por fin, trataría de alcanzar los picos sinuosos que presienten el Teleno. Y cuando pareciera que no hubiera más monte que galopar, cuando ya asomara a la cumbre exhausto, casi inconsciente, justo en ese instante, podría tocarla, podría soñar que volaba, podría si quiera intuir, a que huele la libertad.
Y cuando salga de aquí y pueda ver la luz, habrá muchos otros después que pasarán, y vivirán los mismos encierros y confinamientos, y seguirán ese mismo camino, pero yo te desearé a ti, con tu huerto junto al río, de camino al Soldán, con las cigüeñas del campanario; y te recordaré a ti, cuando ya no haya caminos que recorrer; en especial a ti, porque solo tú supiste enseñarme, aunque solo sea por un instante, a que huele la libertad.

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