Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

Hacia las Estrellas – por Fernando José Jiménez Nieto (Cádiz)

¿Dónde estarían las flechas amarillas? A pesar de haberse perdido varias
veces él iba distraído buscando, decía, mariposas monarcas en las veredas de los senderos. Ella lo seguía sabiendo que las mariposas estaban dentro de su
estómago y batallaban por salir de un momento a otro. Llevaban varios días caminando juntos pero ella no se había atrevido a decirle nada aunque él, en su silencio, se sentía a gusto con su presencia.
Compartieron cocido maragato y se colocaron cerca en el albergue. Ella en una ocasión se cambió de muda delante suya y vio como apartaba la mirada mientras se giraba con disimulo. Sonrió y él se sumergió en un mutismo hermético.
Dejó pasar un par de días más. Le ayudó a buscar esas mariposas en el campo, ella se vistió de rojo y en un recodo del camino le agarró su cayado y lo atrajo hacia sí. Abrió sus alas y sin que él se quejara en absoluto se fue dejando caer sobre la hierba abriendo sus piernas para rodear su cuerpo con ellas. Mordisqueó sus labios con ternura, el agua chorreaba por su nariz y goteaba sobre ella pero no dejó por ello de regarlo a besos.
Notó como su cuerpo se encendía y sonrío mirándolo a los ojos. Se levantaron y caminaron un poco más comiéndose con la mirada, esperando el momento de ver un hotel y olvidarse por unas horas de los albergues, del camino y del
resto del mundo y descomponerse en ese abrazo, besarse hasta fundirse en el deseo y sentirse por un momento completos.
Esa noche llovió sin parar y bajo las sábanas, ambos encontraron el cobijo que hacía tiempo que nadie les daba, se mimaron, se encontraron e incluso se mordieron, y de todo ello encontraron el mejor remedio a su soledad.
Y poco a poco, después de los trasiegos del amor, fueron lentamente encontrando lo que habían ido a buscar, él las mariposas, esta vez en el estómago, ella las flechas amarillas que la llevaran por el camino de las estrellas hasta el fin de los días. Quién sabe si esta vez solos o acompañados.

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