Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

El Despertar de un Niño – por Juan Carlos Luzardo Morales ( Las Palmas)

Samuel era hijo de un terrateniente, a su cargo tenía al capataz Simón, un hombre duro que se había criado a base de palos. Él controlaba a los jornaleros y la cosecha. Su padre quería que Samuel trabajara en el campo así aprendería lo duro que era la vida y se convertiría en un hombre maduro y responsable. Su madre había muerto en su parto y eso lo había vuelto un niño muy retraído.
El capataz se tiraba a su hermana de diecisiete años en el granero. Samuel los había pillado varias veces gimiendo como posesos, mientras descansada en lo alto de los fardos de paja que servía para alimentar al ganado.
Samuel estaba enamorado con catorce años de una mujer pelirroja llamada Carolina, que era la cocinera de los jornaleros. Tenía una sonrisa eterna y parecía que soñaba despierta. Una tarde acabó tan molido de recoger cebollas
que era incapaz de incorporarse y se sentó detrás de las casetas de los temporeros.
Vio salir a Carolina por la puerta trasera de la cocina con un cubo de agua, se duchaba detrás de un viejo roble, al que le había añadido unas viejas tablas. Su agitación y curiosidad le pudieron y se escondió tras una de las ramas. Observó con atención como aquella tela holgada de deslizaba por sus hombros dejando al descubierto un cuerpo de curvas infinitas, pechos turgentes, labios abultados como fresas y entre sus mulos una mata pelirroja que lo obnubilaban.
Su piel era blanca como la luna, Samuel sintió bajo la tela de sus pantalones, una excitación que jamás había sentido. Se le escapo un “ohh”, Samuel se tapó la boca con las dos manos y escuchó: —¿Eres tú Samuel?, dame la mano.
Él alargó su mano tímidamente, presa de un miedo casi placentero. Ella lo atrajo hacía su cuerpo con cariño. Lo miró a los ojos, él se derretía en su mirada risueña, lo fue desnudando pausadamente… Acercó sus labios y dejó que su
lengua se colara en la boca del muchacho, que temblaba sin control. Se dejó caer en el suelo sobre el vestido arrugado y atrajo a Samuel entre sus muslos, guió su sexo hasta su vagina y entre lágrimas y jadeos Samuel la penetró como
un niño que se transforma en hombre.
Se quedó profundamente dormido y soñó que su madre lo invitaba a volar.

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