Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

Aire – por Ángel Montoro Valverde (Toledo)

Preparo mi nuevo y recóndito destino parroquial. No cuestiono la decisión del obispo, al que debo obediencia, pero tan alejado de cualquier sitio no es fácil vivir de lo intangible: Dios uno y trino, transustanciación, doble naturaleza de Cristo, purgatorio…
Nunca me han atraído las influencers de la moda, estilosas y monas, que parecen una percha de accesorios y complementos. Sin embargo las mujeres con la cara lavada, recias y lozanas, cuya extensión perimetral es la de su propia envergadura, suponen una tentación constante. No he sido un Casanova, pero antes de abrazar la fe, apreté con mis brazos a alguna hembra; y de todas, recuerdo para mi tortura a aquella cuyo nombre hago propósito diario de olvidar. A menudo me asalta el recuerdo de esa tarde de estío vagando por una rastrojera, la llegada a la casa de labor, el ofrecimiento del agua, el chorro arqueándose desde el botijo a mi boca y a la suya, la díscola gota bajando por su canalillo y, sin saber cómo una cosa llevó a la otra, el solapamiento de sus jadeos y de mis bufidos con el ronco ruido del tractor al ralentí. Tanto es así, que huyo de esas máquinas agrícolas como de Belcebú, por provocarme un impulso incontrolable al apareamiento.
Por eso la tengo a ella: pura materia, tan voluptuosa, tan láctea, alejada de esa enfermiza delgadez de las pasarelas, con su rostro de permanente admiración y boca de eterna espera…verraco me pone. Sé que estar con ella es pecado, pero sin ella estoy abocado a sumergirme en los más aberrantes vicios y nadie hasta ahora puede echarme en cara líos de faldas ni de pantalones. Quiero creer que Dios, que dijo «no es bueno que el hombre esté solo», se hará el cargo. Nuestros secretos encuentros, sin incienso ni velitas — bastante tengo a diario— ni musiquita de Michael Bolton, son salvajes, obscenos, lúbricos. Y quizás esta relación no es tan superficial pues, en griego, “espíritu” es también “aliento”, “soplo”… y ella es, sin duda, mi válvula de escape y el aire que respiro. Por eso será la primera que entre en mi maleta, con cuidado de no colocarla al lado del cilicio.

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