Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

UN DOMINGO EN EL ATRIO DE LA IGLESIA por Miguel Ángel Ramos González

Esto sucedió (o pudo suceder) un domingo al salir de misa, después de haber recogido cada
uno su trozo de pan bendito, en el atrio de la iglesia de un pueblo de Maragatería de cuyo
nombre no puedo acordarme. Tampoco recuerdo bien quién dijo cada cosa ni los nombres de
algunos, pero más o menos creo que fue algo así:
− Abilio, entraste a mi corral “a escuras” (ahora decimos a oscuras) aunque estaba bien
pechado (cerrado), para aliviar tus tripas, que hasta las gallinas se mareaban y el gocho
chillaba desesperado. Y vi también que andabas como haciendo cariños a la cabra por
“bajo”, que eres un “degenerao”, o quizá estabas “agomitando” (vomitando)… Si te
vuelvo a pillar te saco “las asaduras” (entrañas de los animales)
− La cabra estaba tan bien provista… y es que necesito leche de cabra o “melecinas”, me
dijo D. Santiago, y tomé una poca. Peor lo de tu abuelo Abundio (Dios tenga en su
gloria… “pa siempre”) que “acobijados” porque rugía la truena (tormenta) en la cuadra
del pastor sonó estampido como trueno y surgió un olor “pa morirse”. Cuando el hijo le
preguntó si había sido el burro o él, él se reconoció, y dicen que el hijo dijo: Menos mal
padre, que me parecía mucho “pal” burro, y temí que se hubiera “podrío”
− Y lo de tu abuela “Niceta”, que compartía la dentadura postiza con tu abuelo, y decía que
así “no se perdía na” aunque no podían comer a la vez, pero bueno no tenían prisa… ¿Y
no era ese abuelo tuyo, el ti Sisebuto, el que se aliviaba en la cuadra y se acercaba a la
zona de las vacas yendo “patrás” con unas hierbas traseras a ver si la vaca “Rubia” le
limpiaba con la lengua húmeda y caliente… “C’animal”
− Y tu abuela (la ti Dominga) que cuando su sobrino Casiano vino de Galicia y trajo
marisco dijo que la paella le gustaba pero no con charraclanes (así llamaban a los
alacranes, si bien serían cigalas)
− Y a la tuya con la razón “perdía” le daban el vino muy “rebajao” porque aparecía en julio
las eras subiéndose los refajos cuando estaba allí “to el pueblo”. La misma que en días de
mucho frío intentaba meter al mastín en la cama “pa” calentarse los pies
− ¿Y a tu tío Agapito no le dio un buen bofetón el señor maestro porque le dijo un día que
como eran ya mozos no les llamara Paulino, Benjamín, Agapito… sino Paulano,
Benjamón, Agapato…? ¿no fue ese el que cuando llegó “el arradio” del señor cura quería
abrirlo para ver a los que hablaban? Y dicen que ya mozo venía de la fiesta de otro
pueblo, bebido, se metió en el río y pilló una trucha. La escondió en las ropas por si le
veía la Guardia Civil, y un rato después fue a orinar, y dijo a sus amigos al buscar su
apéndice: “Tantos años como parte de mi cuerpo y ahora veo que tiene ojos”
− Y no era antepasada tuya la Fernanda, que de rapaza pequeñina le dijo el ti “Grabiel” que
donde iba con la vaca, contestó que la llevaba al toro, y el otro le dijo: “Cuitadina, tan
pequeña, te puedes mancar, eso tenía que hacerlo tu padre” y ella contestó que eso lo
tenía que hacer el toro, que qué “inorante” era el “ti” Grabiel”, “mecagüen”, que me meo
de la risa… a las puertas del templo, Dios me perdone
− Y tu “ti” Úrsula que le dijo su madre cuando rapacina que las moñicas (boñigas) que
había recogido del macho (mulo) para abono olían y se llenaba todo de moscas, y el cesto
lo metió en el pozo, con lo que el agua estuvo mal mucho tiempo… pero es verdad que
no olieron. Y la misma que sembró unas perronas (monedas) a ver si salían muchas
− Peor lo de tu antepasado “el ti Tuérgano” que quería cortar la cresta al gallo “pa que
haiga” sopa con sabor… Dio vino al mastín estando en las cancillas con los ganados para
que no ladrara y poder dormir. Y quería pintar con añil a las “pollitas” para que de
mayores pusieran huevos azules. Y llegó a decir al señor maestro si se podrían cruzar
gallinas con ciempiés para ver si salían pollos con muchos muslos. Qué brutaco
− Y Cone, que en una visita del señor obispo le preguntó por “la señora obispa y los
obispines”, y cuando le reprendió dijo que en catecismo no le habían explicado nada, y
que él no sabía si los obispos eran personas normales o no. Y el mismo al que trillando le
dijo su padre que no mancharan las vacas la paja, y quería meter unos troncos a las vacas
a modo de tapón, con lo que salieron corriendo doloridas
− Alguien aclaró: Pues yo era monaguillo y Cone no se llama así. La madre dijo “mi rapaz
se llamará Usebio”, y el señor cura dijo: Usebio no puede ser, tiene que ser “con e”
− O al que recetaron supositorios y pastillas y aplicó al revés pero para no parecer tonto
cuando se lo echaron en cara dijo que es que las pastillas tenían mal sabor, y que los
supositorios los tragaba mejor por arriba, y todo se juntaba. Cagoendiez
− La verdad es que casi todos tus antepasados eran fatos (bobos, poco espabilados)
− Menos de la mitad. Te he dicho un millón de veces que no “exangeres”.
Puede que hubieran llegado a las manos algunos de ellos que el tema se iba calentando, pero
apareció el señor cura ya, con su bonete, y se espantaron “deseguida” (en seguida). Uno dijo
“con Dios” don Judas Tadeo, que así se llamaba el párroco aunque prefería que le dijeran
“señor cura” a secas, y marchó y los demás detrás. La ti Perica le llamaba Don Iscariote “pa amolar” (fastidiar).

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