Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

SOCIOLOGÍA DE BOLSILLO por Rafael Merinero Cerro (Madrid)

Julián, conocido como Jota entre sus amigos y entre sus alumnos de Sociología de la Autónoma de Madrid, había sido desde siempre un apasionado de su materia. A los nueve años ya anotaba en dos columnas de su libreta azul a los niños que decían correctamente mayor y a los animales que utilizaban incorrectamente la horrísona expresión *más mayor. Calificaba cariñosamente a estos últimos como: “socialmente mejorables, incluso extinguibles”. Era un superdotado y también un repugnante gafotas que tendía a vivir feliz en solitario. Durante la etapa adulta también observó meticulosamente a sus semejantes y extrajo tres nutritivas conclusiones sobre las sociedades humanas. La primera era que la gente olía, algo fácilmente constatable a partir de mayo en el transporte público y en las terrazas. Los más peligrosos en este terreno eran los camareros. Como los olores entran por el olfato, al pasar junto a una mesa hacían que la mousse de limón terminase sabiéndole al comensal más a sobaco que a limón. La segunda conclusión era que nos empeñamos en hacerlo todo simultáneamente y luego nos quejamos de que hay atascos. Por ejemplo, todo Madrid se trasladaba siempre a Gandía el primero de agosto: millones de personas en coche, a través de la misma carretera, durante la misma jornada y a la misma hora. Como si todos se hubieran citado para sufrir en la caravana. La tercera gran conclusión de la ciencia de Jota era que nueve de cada diez personas repetían durante toda su vida frases vacías, como ‘parece que se ha quedado buena tarde’, ‘es lo que hay’, ‘no somos nada’ o ‘la cosa está muy malita’”. El profesor llegó a la conclusión de que, en las masas, lo espontáneo iba indefectiblemente unido a lo abyecto. A la muchedumbre solo se le ocurrían barbaridades y eso hacía que el sufragio universal fuese un error que todas las sociedades terminarían pagando muy caro.

El profe Julián no solía hacer la compra, pero ese día fue al híper porque se le ocurrió que un mercado podría ser el mejor lugar de observación de la especie humana. Le ponía enfermo que los periodistas de la tele le llamasen a eso “la raza humana” como si solamente hubiera una. Lo correcto era decir “la especie humana”. Llegó al aparcamiento del Carrefour que había en la avenida del Alcalde Miguel Castaño, de León. Como siempre, todos se empeñaban en dar mil vueltas hasta que lograban estacionar en el primer sótano, cuando era mucho más rápido descender al tercero, generalmente casi vacío. La idea del español parecía ser llegar siempre en coche hasta el mismísimo destino: aparcar metiendo el tren delantero en el agua si iba al río o incrustar el parachoques debajo del mismísimo altar del templo si adonde iba era a misa. Entró al híper y tiró del asa extensible de una cesta azul que estaba encajada con la de debajo como si hubiera decidido aferrarse allí de por vida. Finalmente logró arrancarla, pero entonces observó que dentro había restos de almendras junto a un caqui parcialmente corrupto del que manaba un fluido viscoso de color impreciso. En el interior de la cesta de al lado había un pedazo de papel poroso y tres guantes de plástico de esos que servían para seleccionar la fruta y colocarla sobre la báscula, haciendo trampa con la otra mano para trucar el pesaje. En la siguiente canasta con ruedas, un folleto publicitario con ofertas de productos como compresas para la orina o muy diversos tipos de leche. Leche sin grasa, leche sin lactosa y finalmente leche sin leche. En otro vasar, un cartel anunciaba “la única leche enriquecida con calcio ciento por ciento procedente de la leche”. Si se lo quitaban a otra leche, ¿qué hacían con la leche que quedaba sin calcio, dársela a los pobres? La alimentación era la única área de consumo donde se publicitaban carencias, donde todo se anunciaba siempre como sin. Aquello era como anunciar un piso destacando que se vendía sin plaza de garaje y sin ascensor. Comprobó que todas las cestas de la compra del establecimiento contenían mierda de algún tipo, volcó una de ellas y se la llevó, no sin antes anotar en una libreta la frase “mis compatriotas son unos puercos”.

Julián se esforzó por concentrarse en observar cómo se comportaba la gente en aquel lugar de muchedumbres. El aderezo indumentario de los clientes era la siguiente cuestión a tabular por el sociólogo. Tras varios paseos reposados, anotó la siguiente observación científica: “la gente que va en chándal es más chunga”. Había un ciudadano que, además de ese uniforme abyecto, llevaba una riñonera de plástico e incluso zapatos de rejilla. Jota entendió que ese no era el espécimen medio y lo clasificó como “chusma total, 9,9 grados Richter”. Decidió dejar para otro día tres investigaciones de necesidad perentoria. La primera, sobre si los carros giraban mal porque tenían una rueda atascada con restos fósiles procedentes de la era primaria. La tesis era que el carrito podía girar, pero como la Tierra: siempre hacia el mismo lado. La segunda investigación versaría sobre la posible proliferación masiva de la especie tóxica del calcetín blanco, combinado o no con zapato de rejilla. Y una tercera intentaría averiguar quién devastaba los productos en oferta del híper, porque a los pocos segundos de reponerse estos parecía que los cuatro jinetes del apocalipsis hubiesen cabalgado sobre la estantería.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

MasticadoresFEM

"Solo quiero que se me recuerde como una persona que quería ser libre” Rosa Parks

Isabel Alonso Díez

Arte & Activismo

A Tinta China

Plasmando palabras, a la luz de la pluma

Buscando el sentido de un instante

Alberto Blanco González

Entre paleras y encinas.

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

Puentes de papel

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

RETAMAS Y CODESOS

Página de literatura, reseñas y poemas

ENTRE LA SOLEDAD Y EL APLAUSO... ESCRIBO

Soy un reflejo de mis historias, si no escribiera sería una sombra de mi misma

David Ortega

Blog literario y filosófico

POETAS EN LA NOCHE

Poesía, cuentos y relatos

Lo irremediable

Cine Filosofía Fotografía Literatura Música Pintura

Andiñuela de Somoza

Pueblo maragato, perteneciente al ayuntamiento de Santa Colomba.

Versos en la Somoza

Poesía en el umbral de la Maragatería

TAM-TAM PRESS

TRAFICO DE CULTURA / Piensa, crea, actúa, retumba...

Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

WordPress.com en Español

Blog de Noticias de la Comunidad WordPress.com

A %d blogueros les gusta esto: