Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

Sin Título – por Javier León sorribes (Valencia)

Dentro de nada… Nochevieja, ¿eh? ¡Qué estrés!

En Nochevieja, creo que todo el mundo se lo está pasando bien, menos yo.

El estrés comienza con la cena. Aquello parece una prueba del Gran Prix: tienes que llevar bragas rojas, tener algo de oro para meterlo en la copa, preparar las doce uvas… Y contarlas varias veces, porque, como son todas iguales, te equivocas: Una, dos, tres,… una, dos, tres, cuatro,… Ésta pocha ya la he contado… Una, dos… siete, ocho… ¡Jope, las doce menos veinte! ¡Chavalín, trae el Rotring, que las voy a numerar, como en el Bingo! Y tu madre:  —¿Queréis venir? Que se enfrían las gambas.

Que ésa es otra: te tienes que comer todo lo que está en la mesa… ¡antes de las doce! Con las prisas, más que pelar gambas, parece que estás desactivando una bomba.

      —¡Ostras, menos diez! ¡No me da tiempo! ¡Hazme un sándwich con el cochinillo!

Y no eres el único que está agobiado, ¿eh? Allí están la Igartiburu y Ramón García, explicando cómo funciona un reloj. Asustados por si se equivocan:

—Cuando la aguja pequeña esté en las doce y la grande también…entonces serán las doce —te dicen.

 —¡Jolin, como todas las noches!

Cuando por fin llegan las doce, en toda España se oye lo mismo:
Cla, cla, cla, cla… —Eso es la bola: cla, cla, cla… Din  —¡GLUP! …don…

—¡Ah no, que son los cuartos! …Din-don… —¡Escupid que son los cuartos! …Din-don… —Pfbbbbbbbb… …Ton… —¡Ahora, ahora !…Ton… —¡Una!
—¡Que no, que vamos por la segunda! …Ton… —Pues me meto dos… Ton…

—Seis… -—¿Cómo que seis? …Ton… —A mí ya no me caben más, ¿eh? …Ton… —¡Eh!, ¡deja mis uvas! …Ton… —¡Es que se me ha caído una al suelo! …Ton… —Bggggdffffff…Ton… —A mí ya no me quedan…Ton…

—¡Pues a mí me sobran cuatro! …Ton… —¡Mamá, el abuelo está morado!

Acaban las campanadas, y todos, con la boca llena de uvas y babas, a besarte:

—Fffffelifsz año, eeeeeeeeeh, felifzcidadef, grfdddfd…

Y suena el teléfono: ¡Riiiiiiiiiing!

—¿Ya están llamando? ¿No se pueden esperar?
—Pues a mí todavía me sobran dos…
—¡Champán, que alguien abra el champán!

Pero, bueno, ¿a vosotros os parece lógico empezar el año así? ¡Qué estrés, de verdad! Pero como esa noche es  Nochevieja… tienes la obligación de divertirte si o sí.

Así que después te vas de fiesta a un sitio en el que, si caben mil personas, el dueño ha decidido meter a cinco mil doscientas. ¡Muy bien! ¡Quédate en la calle si te apetece, con la pelona que está cayendo! Así que entras.

Lo que tiene ir a un sitio así en nochevieja es que te puede pasar cualquier cosa.

A mí el año pasado me ocurrió de todo. Yo estaba tan tranquila, tomando mi cubatita de garrafón, cuando un tío que no conocía de nada me cogió por detrás y me dijo: —¡¡¡¡COOONGAAA!!!!! Y, claro, ¿qué vas a hacer?, pues te pones a bailar…

¡Eso te lo hace un tío en el autobús y no le dejas ni que te toque! Pero como es Nochevieja… ¡Pues, hala!

De repente te das la vuelta y llevas cien personas enganchadas a tu culo.

¡A ver cómo escapas de ésta! Porque una conga es como una secta: entrar es muy fácil, pero salir es prácticamente imposible. Y es que hay un momento en la noche en el que hay como doce congas girando a toda pastilla… 

Bueno, pues iba yo conduciendo mi conga, cuando, de pronto, me veo venir una conga suicida conducida por un chico entradito en carnes vestido de bombero y con casco de vikingo, pues, para evitar la colisión, di un giro brusco a la derecha…

¡Me tragué entera una columna de espejitos! ¡Siniestro total!

Yo, con una ceja abierta tirada en el suelo, pensaba: «Jolín, como me hagan soplar ahora, la hemos liado». Y en ésas, me desmayé. Desperté en la sala de urgencias.

Las urgencias esa noche, hay que vivirlas. Allí también es Nochevieja, y el camillero lleva un gorrito de moro, la enfermera un collar de hawaiana, y el que te cose la ceja unos dientes de Drácula, ¡Que en ese momento te da una confianza…!

El proyecto de Drácula te dice: —¿Qué ha sido? ¿Con una moto?
—No, con una conga. —¡Ay!, si es que van como locos con las congas…

Cuando salí de allí me quería ir a mi casa, pero como era Nochevieja, acabé a las ocho de la mañana, con la ceja grapada, en un bar de gasolinera…

—Oiga, póngame un chocolate con churros a ese módico precio de cuatro Euros de nada que cobráis hoy.

—Pues sólo nos queda Nesquick y algún dónut… Es que los últimos churros se los han tomado los de una conga, ¡traían un cachondeo…!

—No me hable de congas.

—Oiga, pues parece que se lo estaban pasando muy bien. Había un chico súper gracioso entrado en carnes vestido de bombero y que llevaba un casco de vikingo. ¡No le digo más.

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