Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

POR LAS ALTURAS por Rosendo Gallego Menárquez (Valencia)

      No quería imaginar cómo había llegado hasta allí. El caso es que Julio Cortázar cruzaba, tan ufano, la vía láctea. Se detenía de vez en cuando en alguna estrella para admirar el panorama y revisar sus papeles. Iba hacia lo alto, según su costumbre, subiendo y subiendo. Le acompañaba el recuerdo de su MAGA, de los puentes del Sena, del BESTIARIO, y la eterna sonrisa de su amada Aurora, que seguía brillando cada vez más nítida en París.

      A la llegada, el portero le pidió la documentación con cortesía celestial. Le

entregó Julio la abultada cartera de referencias que llevaba consigo, y el portero  las ojeó haciendo un gesto de aprobación. Cuando se disponía a abrir la cancela para darle paso al viajero, oyó el teléfono móvil que estaba sobre su mesa de despacho junto a la taza de café descafeinado. Se puso el teléfono al oído mientras hacía seña a Julio de que esperase. Poco después frunció el ceño y dio la conformidad al autor de la llamada. Miró a Julio con rostro severo y dijo:

            -Me comunican que alguien ha presentado una queja formal contra usted por impedir la actividad literaria de varios escritores noveles.

            -¿Cómo dice?

            -No conozco bien los detalles. Solamente han agregado que cada vez que esos jóvenes escritores intentan imitar su estilo o sus expresiones tropiezan con una barrera infranqueable. Y así, no pueden progresar en su vocación literaria. De eso le culpan a usted.

            -¿Y por qué no imitan a otros autores o, simplemente, escriben a su aire, estrujándose las meninges, como hacía yo?

            -Esa pregunta es de alto nivel humano e incluso divino. Tendría que hacérsela a la Alta Jerarquía.

            -Pídame una entrevista con ella, por favor.

            -Eso no corresponde a mis atribuciones.

            -¿Para qué está usted aquí?

            -Yo sólo soy el portero. Puedo dejar pasar a quienes vengan con los papeles en regla. Y si la Alta Jerarquía me dice que hay un impedimento, no puedo dejarle pasar.

            -Pues ¿sabe usted lo que le digo?

            -Dígame.

            -Que me voy por donde he venido. Mis lectores me lo agradecerán.

                                                        +++++++++++++++

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