Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

No Se Puede Luchar Contra la Física por Flor Méndez Villagrá (León)

Cuando  el ángulo de visión cambió bruscamente, y mis pies decidieron perder el contacto con el suelo, supe con toda seguridad que estaba en plena caída libre, aunque un momento… quizá llamarla así no sea del todo correcto: “Caída libre es aquella  que se produce bajo la acción exclusiva de un campo gravitatorio”, (ehhhhh ¿Por  qué recuerdo ahora aquellas lecciones de física que odiaba?).

Lo cierto era que si bien la gravedad tiraba de mi en ese momento como una condenada, ella no era la única culpable. Estoy segura de que hubiera respetado mi verticalidad, si mis ojos que habían sido abducidos por aquel increible bolso rojo de Prada, perfectamente destacable en aquel maravilloso escaparate,  se hubieran puesto de acuerdo con mis piernas, que ajenas al encanto desplegado, habían seguido su curso. Este hecho provocó que los primeros no vieran y los segundos chocaran, con el bolardo colocado en la acera para proteger el espacio donde unas baldosas defectuosas habían sido retiradas. Así que ya se sabe: “cuando un cuerpo reduce su velocidad bruscamente, por fricción con otro cuerpo extraño, las moléculas de dicho cuerpo sufren un desajuste posicional,  pudiendo en caso de que este sea excesivo, ser absorbidas de arriba hacia abajo por  una poderosa área de atracción gravitatoria”, (puuuuuf, de nuevo la maldita física…). Lo malo era que mi área estaba cubierta de cemento fresco en espera de que las baldosas fueran colocadas de nuevo en su lugar.

Desde el momento que fui consciente que estaba a punto de ser protagonista de una caída, mi puñetero cerebro me hizo una pequeña puntualización: realmente lo que estaba sucediendo en ese momento era la acción de caer, porque el resultado de caer, que era cuando yo iba a estar  realmente caída, vendría después, ( hombreeeee, venirme a mi con eso ahora, señor subconsciente) y la verdad, por el ángulo y la forma que estaba tomando la acción, podía asegurar  que aquello no iba a desembocar en nada bueno.

 Así que mi mente, en plena caída se puso a trabajar a mil y decidió que si en esos momentos fuera capaz de estirar un poco los brazos, mi trayectoria de caída podría variar y mi inminente aterrizaje podría ser sobre las manos en vez de sobre la nariz, ya que no podía contar con caer encima del operario que en ese momento realizaba un movimiento de retirada despavorida hacia atrás. Oh Dios, oh Dios, me estremecí. Sabía que mis muñecas no eran muy fuertes que digamos, y a lo mejor, no,  a lo peor, podrían quebrarse, claro que… dicen que la rotura de tabique nasal es peor, asi que ¿Qué hago? ¿Hecho adelante mis manos, o mejor me cubro mi nariz?. Espera, espera…. parece que mi trayectoria ha cambiado, y ahora me inclino levemente hacia un lado. Puf, mucho mejor, eso descarta mi golpe de nariz, pero oh noooo, sobre ese lado no…, se resentirá la costilla que partí hace dos años. Así que, como si de corregir una trayectoria de salto de trampolín se tratara, conseguí poner las dos piernas juntas en posición horizontal hacia delante y rematar mi acción de caer, o mi caída, sentada en medio de un charco de cemento, sin haber sufrido roturas ni desperfecto alguno en ninguno de mis miembros pero con mi culo magullado y mi orgullo completamente destrozado.

MORALEJA: La física tiene razones, que la razón no entiende (o quizá utiliza algún tipo de venganza contra aquellos que la odiábamos en el instituto).

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