Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

La Chica del Armario – por Gabriel Olivera (Uruguay)

El relato de un alma vacía.

1

La sinfonía del diablo.

Harry vivía en el pequeño pueblo de “Weakness”, tal vez, uno de los pueblos más escalofriantes y con más misterios de todos. Un enorme bosque lo rodeaba, ese bosque era hermoso como un atardecer pero oscuro como el alma de una mujer viuda.

     Era un día nuevo, se levantó de su cama sin ganas, sabiendo que iba a tener que seguir aquel protocolo asqueroso al que le llamamos “vida normal”. Bajó las escaleras, ojos entrecerrados, la lluvia chocaba violentamente contra su ventana, mientras que aquella penumbra oscurecía su mente con cada acontecimiento vivido.

     Las horas pasaron, Harry se encontraba caminado por los pasillos de su nueva casa, era una casa muy rustica y vieja al mismo tiempo. Pasó las manos por un viejo mueble, logró sentir el polvo en su palma, la suave textura de aquella madera le hizo acordar al pelo de aquella bella dama. Se acercó a la ventana, las nubes se reflejaban en sus hermosos ojos verdes como una aurora en su máxima expresión. Una gota, luego dos, luego tres, ese fue en transcurso hasta que una enorme lluvia comenzó a caer. Un sonido extraño se escuchó en una de las habitaciones, volteó rápidamente y con detenimiento caminó hacia la puerta. El miedo corría por sus venas, al igual que los nervios, podías verlo en sus parpados. Extendió su brazo izquierdo sin despilfarro, sujetó el picaporte y lo giró lentamente. Sus nervios se calmaron al encontrar la habitación totalmente vacía, solamente la ventana estaba abierta, suspiró y rápidamente la cerró. Sincronizadamente, al cerrar la ventana, la puerta se cerró violentamente, Harry volteó con rapidez y quedó en shock por unos segundos. Al observar la puerta, un pequeño cartel se encontraba estampado en ella, el cual tenia gravado la siguiente frase: “Encomienda al Señor su camino, y confía en el, y el hará”. Solo exhaló el aire que tenía dentro de sus pulmones, y abrió la puerta, con lentitud pudo cerrarla y con una extraña sensación en el pecho decidió bajar las escaleras.

     Los escalones rechinaban levemente, camino hacia la cocina por un vaso de agua, luego se dirigió hacia la ventana principal y observó el enorme patio. La lluvia había parado, pero el viento hacia que los pinos se encorven y los pastizales se alboroten. Caminó hacia el espejo, vio en su reflejo como ya no era el mismo, es imposible, la vida ya firmo su acta, palabras exactas que describen como el universo lo habría criado. Todo eso es imborrable, como el dolor del amor en la sangre.

      —  ¡Lo prometiste!, ¡pero no!, ¡lo estas haciendo de nuevo!, ¡dijiste nunca mas!  —le exclamó a su reflejo.  

     Retrocedió y arrojó su vaso de agua hacia el espejo generando un gran estallido de cristal. Luego de eso solo se podía apreciar el silenció profundo y la exaltada respiración de Harry.

     Luego de unas horas la lluvia paró, tomó un viejo jarrón de porcelana, el cual tenia gravado unos dibujos muy extraños, en el se podía ver reflejado a si mismo, pero algo andaba mal, una sombra se veía reflejada detrás de él. Lo miró con detenimiento por unos segundos, y al escuchar un suspiro se volteó con rapidez, sintió como la pared que estaba detrás de él era golpeada,“toc, toc, toc”, por lo cual volvió a voltear. Caminó lentamente hacia allí, apoyó sus manos en ella y puso un oído al ras de la misma. Podía sentir los pasos de algo o alguien por dentro de las paredes, comenzó a seguir aquel sonido, lo siguió hasta al final del pasillo, luego subió las escaleras y se detuvo en la planta alta. Harry respiró, su corazón se estaba comenzando a acelerar, las pisadas se comenzaron a oír más fuertes en el desván, caminó hacia el, extendió su mano y con lentitud jalo la cuerda. La escalera bajó y subió escalón por escalón con el corazón en la mano. Al subir las escaleras, el lugar estaba desolado y con un rotundo silencio contrastándolo. Sintió un extraño sonido dentro de un armario, caminó lentamente hacia él, se podía ver un espectro entre medio de las persianas, con la mano temblando sujetó el picaporte y abrió la puerta. Dentro de el encontró una chica, una hermosa chica, al levantar la mirada pudo apreciar sus hermosos ojos verdes, los cuales brillaban como dos rubíes, era una diosa, un deseo de las estrellas. Harry quedó sin palabras, simplemente no comprendía absolutamente nada. El tan solo quedó en shock, ella comenzó a erguir su cuerpo al ras de la pared.

     — ¿Quién eres tu? —preguntó Harry con asombro.

     Ella se quedó en completo silencio, en sus párpados se podía ver el miedo y la confusión. Un pájaro se paró frente a la ventana, comenzó a cantar y ambos voltearon. Harry volvió a mirarla, pero ella seguía con la mirada perspicaz en aquella ave, lentamente caminó hacia la ventana con los ojos brillosos. Con su mano acarició el cristal mientras el fino cántico de dicha ave deleitaba sus oídos. Harry cerró lentamente la puerta del armario, volteó y se dirigió hacia aquella hermosa chica. Colocó la mano en su hombro y ella volteó.

     — ¿Quién eres? —preguntó Harry nuevamente.

     Ella no respondió absolutamente nada, parecía muy confundida.

     — ¿No hablas? —preguntó Harry.

     Ella gesticuló: “No” con su cabeza. Harry tomó saliva y la tomó de la mano. Con lentitud bajaron las escaleras y se dirigieron hasta la sala. Ella se sentó en una silla frente a la mesa, Harry colocó un vaso de agua frente a ella, luego tomo un papel y un lápiz.

     — ¿Sabes escribir? —preguntó Harry dejando aquel papel sobre la mesa.

     Ella gesticuló: “Si” con su cabeza. Harry suspiró.

     — Bien, ¿Cuál es tu nombre? —preguntó él.

     Ella escribió: “Lilia” en aquel papel.

     — Soy… soy Harry —dijo—, ¿Qué hacías allí dentro?

     Ella escribió: “Me escondía de ellos”.

     — ¿Quiénes son ellos? —preguntó Harry sentándose en la silla junto a ella. 

     Ella escribió: “Quiero encontrar a mi madre”.

     — ¿Y donde esta? —preguntó Harry observándole a sus ojos. 

     Ella alzó su brazo lentamente y con su dedo señaló un viejo cuadro que tenia pintado un bosque.

     — Creo que voy a enloquecer —afirmó Harry despegándose de la silla—. ¿Tu madre esta perdida en el bosque?

     Ella gesticuló: “Si” con su cabeza. Luego tomó el lápiz y escribió: “Pero no puedo hallarla sola”.

     — ¿Necesitas mi ayuda? —supuso Harry.

     Ella gesticuló “Si” con su cabeza. Harry frunció el seño con frustración, sabia que algo raro estaba pasando, lo pensó sientas de veces, tal vez en un futuro se arrepentiría, pero el solo seguía su valiente corazón.   

     — Ésta bien —afirmó mientras caminaba hacia uno de los muebles.

     De uno de los cajones tomó un viejo mapa del pueblo y sus alrededores, luego lo colocó sobre la mesa mientras Lilia observaba detenidamente el agua del vaso.

     — Te ayudaré —susurró Harry mirándola a los ojos.  

     Ella se paró de la silla y se dirigió lentamente hacia la ventana, al observarla detenidamente notó como solo estaba vestida con un corto vestido color vino, un fino collar dorado, sin zapatos y con el pelo suelto. Una autentica belleza misteriosa. Harry fue tras ella, al ponerse junto a ella notó como sus ojos lagrimeaban.

     — No te dejare sola—susurró Harry.

     Ella lo miró a los ojos, el fuego en su mirada le enfrió el pecho, entonces su corazón en su mirada brilla, se ve reflejado como el mar en su orilla.

     — Lo prometo—susurró Harry.

     Ella apoyó su mano en el pecho de Harry, de ella salía un leve destello rojo como un rubí.  Sus corazones se conectaron, eran tan solo dos chispas al azar, separadas como el sol y la luna misma.

     Lilia tomó el papel y escribió: “Puedo ver tu alma”.

     — ¿Qué es lo que vez? —Susurró Harry.

     Ella escribió: “Vacío”. Harry sonrió y la abrazó.  

     — Es hora de irnos—susurró Harry.

     El tomó su mochila mientras que ella salía de la casa con lentitud.

     Ambos se encontraban caminando por el medio de calle en el corazón del boque, Harry observaba de reojo a Lilia, su caminar era simplemente perfecto. Harry tomó una pequeña libreta de su mochila y se la entregó.

     — ¿Cómo se supone que encontraremos a tu madre aquí? —preguntó Harry.

     Ella escribió: “Cuando estemos acercándonos lo sabré”.

     — ¿Y como fue que ella… desapareció? —preguntó Harry.

     Ella no contestó, tan solo continuó caminando, el frunció el seño y la tomó del brazo.

     — ¡Necesitó respuestas ya mismo, Lilia!, ¡no daré un solo paso hasta saber que demonios esta ocurriendo!— exclamó Harry soltando su brazo.

     Ella escribió: “No sabes lo horrible que es sentir centenares de cosas y no poder decir una sola palabra”.

     — ¿Sabes que? —preguntó Harry con ironía—, no me importa, no se ni que hago aquí, solo eres una niña extraña, con problemas extraños y una familia extraña.

     Lilia quiso continuar escribiendo, pero Harry tomó su libreta y la lanzó al suelo.

     — Esto se terminó, volveremos al pueblo y le contaras a la policía sobre todo esto—afirmó Harry tomándola del brazo. 

     Harry comenzó a caminar hacia el otro sentido forcejeando con Lilia, mientras que ella forcejeaba hacia el otro lado. Luego de un par de segundos un enorme grito se oyó en algún lugar del bosque, ambos voltearon con rapidez, Lilia gesticuló “Mamá” con sus labios, ella escapó de los brazos de Harry y se zambulló en la penumbra del bosque con rapidez.

     — ¡Lilia, espera! —exclamó Harry. 

     El grifo de la casa de Harry goteaba lentamente, lo único que se podía oír en el lugar era la brisa chocando contra los cristales de la casa y a los cuervos graznear. El sol estaba por caer y la luna estaba comenzando a hacerse presente. La puerta principal estaba siendo golpeada “toc, toc, toc”, y Alicia ingresa a ella.

     — ¡¿Harry?!… ¡¿estas aquí?! —exclamó ella.

     Al observar perspicazmente notó como el suelo se encontraba repleto de cristales rotos, con lentitud subió las escaleras, los escalones rechinaban lentamente y las luces estaban apagadas. Al llegar a la planta alta la escalera del desván estaba desplegada, Alicia comenzó a sospechar que algo extraño estaba sucediendo.

     — ¿Harry?, ¿Eres tu? —preguntó Alicia—. Espero que esto no sea una maldita broma. 

     Se paró frente a dicha escalera y observó hacia arriba, con los nervios al cien subió escalón por escalón hasta llegar a la cima. En el desván no se encontraba nadie, solamente se encontraba el armario con sus puertas cerradas y un fino pelo castaño de mujer fuera de el. Con lentitud abre dichas puertas, voltea y camina lentamente hacia la ventana delantera. Desde ella se podía observar el atardecer y una fuerte tormenta en el horizonte, luego las escaleras del desván se cerraron violentamente rompiendo el silencio y dejando a Alicia encerrada allí.

     Mientras tanto, Harry corría tras las huellas de Lilia, los ojos de ella se encontraban repletos de lágrimas y la niebla en el bosque se hacia presente. Lilia tropezó y ensució su hermoso vestido, Harry ya la había perdido de vista, lo único que podía ver eran pinos y niebla.

     — ¡Lilia! —exclamó Harry respirando exaltadamente—, ¡Lilia!

     Y ahí comenzó una sensación de cosquilleo en su espalda, con gran rapidez comenzó a correr hacia ningún lado tras aquella chica que le había arrebatado su corazón, la cual era como un fragmento de universo, fulguración natural. 

     — ¡Lilia! —exclamó Harry con los ojos repletos de lagrimas—, ¡Lilia!, ¡vuelve!

     Lilia podía sentir cada vez mas cerca a su madre, podía sentir su alma brillar, pero detrás de ella sentía como el alma de Harry se oscurecía, en ese momento quedó estática en su lugar, observó hacia detrás de ella, pensando si volver era lo correcto, apretó los ojos y con dolor en su corazón continuó caminando.

     Harry llegó hacia la carretera, sin pensarlo se dirigió al pueblo con rapidez, una fina capa de rocío rociaba el pueblo. En su cabeza retumbaban susurros, sus piernas estaban cansadas al igual que sus manos y ojos.

     Los ojos de Lilia se volvieron negros, y ahí comprendió que lo bueno tal vez dura menos que un amanecer. Su alma se vació, y ahí estaba ella, perdida. Comenzó a caminar marcha atrás con la mirada pérdida, luego de un par de metros cayó en un oscuro y húmedo pozo. Ella quedó plasmada en el suelo, observando las ramas y el cielo oscureciendo, así son las cosas, lo que no te mata te hace desear estar muerto.

     Harry abre la puerta de su casa con rapidez, camina hacia la cocina y toma su teléfono. Alicia desde el desván siente ruidos en la planta baja, se acercó a la puerta y comenzó a golpear el suelo.  

     — ¡Harry!, ¡Harry! —exclamó Alicia. 

     — Lilia—susurró Harry corriendo hacia la escalera.

     — ¡Harry!, ¡estoy aquí! —exclamó Alicia golpeando el suelo de manera grotesca. 

     — ¡Lilia! —exclamó Harry—, ¿eres tu?

     — ¡Harry! —exclamó Alicia.

     Harry percibió que el sonido venia desde el desván, observó al techo y con la cuerda bajó la escalera con rapidez. El corazón de Harry se endureció al ver a Alicia bajar la escalera.

     — Quiero saber que demonios ocurre, Harry—dijo Alicia frunciendo el ceño.

     Harry suspira y acomoda su cabello.

     — Supuse que no podía ser, ella no habla—susurró apoyándose en la pared con su mano. 

     — ¿Ella?, ¿Quién? —preguntó Alicia con enojo.

     — Lilia—Susurró Harry.

     — ¿Quién es Lilia? —preguntó Alicia con confusión.

     — Nadie—susurró Harry caminando hacia la escalera.   

     Alicia suspiró con enojo y fue tras el. 

     — Necesito una explicación—dijo bajando de escaleras a la par suya.  

     Harry baja las escaleras sin decir absolutamente nada, tan solo suspira, se sienta en una silla de la sala y cierra lentamente los ojos.

     — Cristales rotos, sonidos extraños, puertas que se abren y cierran solas—dijo Alicia parándose frente a el.

     Harry suspira y abre los ojos lentamente.

     — Lilia estuvo aquí—afirmó poniendo las manos en su rostro.

     Alicia revoleó los ojos con enfado.

     — ¿Quién es Lilia? —preguntó.

     — Es una larga historia—susurró Harry.

     Alicia suspira, se sienta junto a él y acaricia su mentón. 

     — ¿Qué sucede? —susurró.

     Harry levanta la mirada mientras las lágrimas caen de sus ojos. 

     — Había una chica aquí, no hablaba, era muda… tal vez,  me dijo que su madre estaba perdida por el bosque, la intente ayudar, pero no, escapó—dijo—. ¡Necesito hallarla, Alicia!, ¡esta en peligro!

     — ¿Cómo sabes que lo que viste fue real? —susurró Alicia.

     — Por que… tomé su mano… pude sentirlo—susurró Harry con la tristeza en sus parpados.   

     — Se puede vivir toda una vida estando dormido—susurró Alicia sonriendo.

     Harry secó sus lágrimas con su mano. 

     — Ella estaba… en el desván, dentro de mi armario—dijo. 

     Alicia lo mira y sonríe.

     — Si, mi padre me contó esa historia—dijo.

     Harry frunció el ceño.

     — ¿De que hablas? —preguntó.

     — La chica del armario, un viejo cuento que le leía mi abuelo—contestó Alicia—, así que si, probablemente estés más loco de lo que crees.

     Harry quedó en shock por unos segundos, al reaccionar caminó con rapidez hacia la puerta.

     — ¡Espera! —exclamó Alicia—, ¿A dónde crees que vas?

     Harry volteó.

     — A buscar a Lilia—contestó.

     Mientras tanto, Lilia continuaba observando el cielo, nada rondaba por su cabeza, las estrellas en sus ojos se reflejaban, tenia una gran mirada extrasensorial, la cual transmitía belleza y misterio al mismo tiempo, un lenguaje tan diverso, una entre trillones, tal vez.

     Harry caminaba a gran velocidad hacia el bosque, Alicia, con las manos en los bolsillos lo seguía unos metros mas atrás. Alicia estaba asustada, el bosque y la oscuridad le aterraban, pero nada impediría que este a su lado. Ella apuró un poco el pasó y se puso a la par de el, Harry la observó de reojo, ella observa la luna, su mirada y sensaciones quedan plasmadas en el aire. La noche era oscura, la luna, las estrellas y las farolas eran la única luz visible. Alicia observaba la mirada perdida de Harry, podía notar rigor, entonces escuchó sus ojos y el silencio se acabó. Los grillos grillaban y los búhos chucheaban, la noche perfecta.

     Ambos se pararon en el medio de la desolada carretera, frente a aquellos inmensos pinos y penumbra.

     — ¡Lilia! —exclamó Harry.

     Lilia se encontraba en aquel oscuro y frío pozo, nada parecía positivo para ella, hasta que escucho el eco de su nombre explotar entre las rocas, su pecho se iluminó con una hermosa luz roja. Con todas sus fuerzas comenzó a tratar de escapar de aquella fosa tan delirante. Aun así era imposible, estaba atrapada. Se sentó en el suelo, puso su mano en su pecho y gesticuló “Estoy aquí” con sus labios.

     Luego, una hermosa luz roja brillante como la estrella del norte nació del pecho de Harry, en ese preciso instante suspiró y se adentró con velocidad en el bosque. 

     — ¡Espera! —exclamó Alicia queriendo tomar su brazo.

     Aun así Harry corrió, pero Alicia no.

     Lilia golpeaba las paredes del pozo, buscando una forma de escapar, no soportaba la desesperación. Harry percibió de lejos la luz roja de Lilia, con rapidez se dirigió hacia allí, al observar hacia dentro del pozo la vio, sus luces se apagaron pero sus corazones brillaban mas que nada en el mundo. La ayudó a salir del pozo, sus manos estaban frías como las olas del río, los ojos ciegos de Lilia lo decían todo, entonces se abrazan, sus luces nuevamente se prenden y aquel frió se esfuma, el sol y la luna estuvieron separados por unos instantes, para ellos fue una vida entera, pero por fin hicieron eclipse. 

     — Me diste un gran susto, creí que no te volvería a ver—susurró Harry sin desenredar sus brazos de ella.

     Desde la oscuridad se oyó un gruñido desconocido, ambos observan hacia allí, Lilia toma su mano y comenzó a caminar hacia la carretera. Cuando los pies de Lilia sintieron el frío asfalto Harry se percató de que Alicia ya no estaba, no se que pasó por su cabeza, pero tan solo tragó saliva, tomó la mano de ella y comenzó a caminar hacia su casa.

Harry abrió la puerta de su casa junto a Lilia, suspiró y cierró la cerró. Lilia cierra sus ojos bendecidos por el diablo, mientras que Harry cerraba las cortinas de la ventana principal. Ella abrió sus hijos y cruzó miradas con él, fue solo un pequeño cliché.

     — Ven, te enseñare tu habitación— dijo Harry tomándola de la mano y caminando hacia la escalera.

     Ambos subieron a la par la escalera, Harry abre la puerta de su habitación y ambos pasan a ella.

     — Aquí dormirás tu—dijo Harry mientras Lilia caminaba hacia la cama.

     Ella se sentó en el borde de la cama, lo miró a los ojos fijamente sin gesticular nada.

     — Creo que… debo rime—susurró Harry abriendo la puerta—, que descanses.

     Lilia golpeó levemente un sector de la cama junto a ella ordenándole que se siente allí, Harry deja la puerta entrecerrada y se sienta lentamente junto a ella. Sus miradas penetrantes juntas como el imán y el hierro, Lilia lo tomó del mentón, lentamente bajó su cabeza y beso su frente. Harry pudo ver el cosmos, las estrellas, más allá de Andrómeda, deidades inmortales creadoras de la vida misma. La pupila de el estaba extremadamente dilatada, cuando Lilia despegó sus labios de su frente su gran tamaño volvió a la normalidad.

     — ¿Qué fue eso? —preguntó Harry muy confundido.

     Ella se sonrojó y sonrió de una manera inefable, el la tomo del mentón suavemente y se dirigió hacia sus labios. Lilia se alejó con desagrado y una expresión de confusión, como si no supiese que es lo que Harry trataba de hacer.

     — Lo… lo siento—tartamudeó Harry—, ¿nunca has besado?

     Ella gesticuló: “No” con su cabeza. Harry la miró a los ojos, miró sus manos y sonrió. Luego se dirigió hacia la ventana y cerró la cortina, Lilia apoyó su cabeza contra la almohada mientras que Harry se dirigía hacia la puerta.

     — Que descanses, Lilia—susurró el mientras apagaba la luz dejando todo en completa oscuridad.

     Caminó por el pasillo lentamente, no pudo olvidar la imagen de Lilia alejándose cuando intento probar sus labios, se sentía un completo tonto, no sabe por que lo hizo, es así, el corazón quiere lo que quiere. Puso su mano sobre la baranda, al apoyar el pie derecho en el escalón rápidamente se arrepintió, volteó y caminó hacia aquella habitación. Abrió la puerta y prendió la luz, pero Lilia no estaba en aquella cama, abrió las puertas de los armarios, pero ella parecía haberse evaporado. Al mirar bajo la cama sonrió, ahí se encontraba ella, sus ojos brillosos como el elixir.

     — ¿Qué haces allí? —susurró Harry extendiendo su mano.

     Ella tomó su mano y al salir irguió su cuerpo, no levantaba la mirada, parecía asustada.

     — ¿Le temes a la oscuridad? —preguntó Harry acomodando su cabello.

     Ella gesticuló: “Si” con su cabeza. Harry suspiró.

     — Tranquila, cuidare de ti, ya tienes mi corazón—afirmó Harry.

     Ella caminó hacia su cama y se recostó en ella con la mirada fija en él, luego ella abrazo la almohada y se puso encogida. Harry puso su mano en el picaporte, pero no, el miedo de perderla era aun mayor, así que se recostó junto a ella, luego él abrazó su cuerpo haciendo que ella sienta paz y cierre sus ojos lentamente.

     Era un día nuevo, esta vez el protocolo de Harry se abría roto. Al abrir sus ojos ve todo en orden, Lilia estaba sumergida en un profundo sueño, ella voltea su posición quedando frente a frente con él, lentamente abre sus ojos, entonces Harry sonrió. Ambos irguieron su cuerpo y cada uno desde un extremo de la cama se miró fijamente.

     — ¿Tienes hambre? —preguntó Harry.

     Ella gesticuló: “Si” con su cabeza. Ambos salieron de la habitación, ella con sus expresiones parsimoniosas y Harry con su mente en blanco, pensando en la primigenia desaparición de Alicia.

     Harry le sirve el desayuno, mientras que ella comía, él se encontraba con la mirada pérdida y los brazos cruzados, simplemente pensando. Él observa por casualidad por su ventana, ve como un anciano coloca un cartel en la farola de en frente, con rapidez se para de la silla y sale de la casa hacia el cartel. Al despegarlo ve que es un cartel que anunciaba la desaparición de Alicia. Lilia aprese por detrás de el y observa el cartel con detenimiento.

     — La conozco, esta perdida, se perdió en el bosque—susurró Harry mirando a Lilia a los ojos.

     Ella palpa los bolsillos de Harry y toma un bolígrafo, en su brazo escribió: “Ahora tenemos dos razones para ir hacia allí”.

     — Lo se—afirmó Harry guardando el cartel en su bolsillo—, rápido, debemos irnos. 

     Antes de que Harry comenzara a caminar, Lilia tomó su brazo y caminaron hacia la casa nuevamente.

En un lugar rotundo del bosque se encontraba una chica, su belleza era inefable, inconmensurable, pelo enrulado, con unos ojos grises y conllevando una gran mirada etérea. Caminaba lentamente con sangre en su rostro que vertía de su ceja, a lo lejos vio un camino de tierra que parecía ser su salvación, miró hacia el horizonte, no había nada allí, así que tan solo caminó hacia la nada. Desde detrás de los árboles salieron dos hombres con aspectos luciferinos, la chica se percató de ello y comenzó a correr. Uno de ellos corrió tras ella y la tomó del pelo lanzándola al suelo.

     — ¿Creíste que podrías escapar? —dijo aquél hombre.

     — ¡Suéltame! —exclamó ella.

     Otro de los hombres se acercó y se arrodilló frente a ella.

     — La casería de brujas es más difícil de lo que creí—afirmó—, te llevaremos con James, le encantara saber que las brujas regresaron, luego, iremos por tus hermanas, no quedara ni una sola de tu asquerosa especie.

     — No, no, mis hermanas no, por favor—susurró ella mientras las lágrimas caían de sus ojos. 

     — No voy a descansar hasta que todas y cada una de ustedes estén en una esquina del infierno bebiendo agua de una grieta—afirmó aquél hombre.

     La expresión en el rostro de ella era totalmente acendrada, aquél hombre la levantó del suelo, puso un arma en su espalda y comenzaron a caminar por aquel camino de tierra.

Harry abrió las puertas de su armario junto a Lilia, ambos quedan estáticos observando su interior.

     — ¿Qué hacemos aquí? —susurró Harry.

     Lilia tomó su bolígrafo y en su brazo escribió: “Desde aquí podemos ir hacia donde se encuentra tu amiga”.

     — ¿Estas segura de eso? —preguntó Harry con nervios.

     Ella gesticuló: “Si” con su cabeza. Harry tomó su mano y ambos se adentraron en el armario. Al cerrar las puertas Lilia comenzó a golpear la parte trasera del armario, dichas paredes se abrieron, al salir de el se encontraban en el mismísimo bosque de “Weakness”. 

     — ¿Esto que significa? —preguntó Harry.

     Ella escribió en su palma: “Ella se encuentra perdida en el bosque”.

     — ¿Aquí? —preguntó Harry mirando a los alrededores.

     Ella gesticuló “No” con su cabeza. Luego en su palma escribió: “Debemos irnos, no es seguro aquí”.

     Harry afirmó con su cabeza, la tomó de la mano y ambos salieron del bosque por el armario. El cerró sus puertas con lentitud mientras Lilia se acercaba a la ventana del frente, ella comenzó a acariciar su brazo izquierdo con suavidad,  Harry se quitó su sudadera, camino hacia ella y la cubrió con la misma. Luego de unos segundos la luz de un coche los encandiló, dicho vehículo se estacionó en su patio, de el bajó Lizzie junto a Ron, los cuales eran viejos amigos de Harry y Alicia. Lizzie camina hacia la puerta con el ceño fruncido y la golpea “toc, toc, toc”.

     — Harry, abre, se que estas ahí—dijo Lizzie cruzando sus brazos.

     Harry abre la puerta y ambos entran pasando de el.

     — ¿Qué ocurre? —preguntó Harry.

     — ¿Qué ocurre? —repitió Lizzie—, Alicia aun sigue perdida.

     Harry suspiró con enojo.

     —Lo se, pero se donde esta, podes hallarla—dijo él.

     — ¿Cómo? —preguntó Ron.

     — Con la ayuda de Lilia—contestó Harry.

     — ¿Quién es Lilia? —preguntó Lizzie con confusión.  

     Harry observa hacia sus alrededores, Lilia había desaparecido.

     — Ella… estuvo aquí hace un segundo—afirmó Harry—, ¡Lilia!

     — ¿Seguro que te encuentras bien? —preguntó Ron observándolo con nerviosismo.

     — Lilia… esta bien… ellos no te harán daño—dijo Harry hablándole a la nada.

     Frente a ellos se genero un pequeño y silencioso estallido de luz. De repente Lilia estaba allí, entonces el corazón de Harry volvió a latir.

     — ¿Qué es todo esto? —preguntó Lizzie con temor.

     — Tranquilos, ella es Lilia, ella… nos ayudara a encontrar a Alicia—dijo Harry cerrando las cortinas de las ventanas.

     — ¿Cómo hiciste eso? —preguntó Ron con asombro.

     — No… ella no habla—dijo Harry.

     — ¿Y como nos ayudara exactamente? —preguntó Ron.

     Harry lo miró fijamente y sonrió con astucia.

En un camino de flores junto al parque se encontraba caminando una hermosa chica, con una hermosa cabellera rubia y unos ojos con iridiscencia. Camina lentamente hacia los columpios y se sienta en uno de ellos, una mariposa aterriza en su hombro, al observarla sus bellas alas se reflejaban en sus ojos, ella estira su mano y aquella mariposa aterriza sobre sus dedos. Ella acerca su mano a su rostro, comienza a observar perspicazmente a dicho insecto, al levantar la mirada vio como un hombre con una expresión ataraxia la estaba observando. La mariposa voló de los dedos de ella, aquél hombre saco una pistola eléctrica y se la descargó en el pecho dejándola inconciente.

     Al despertar se encontraba amarrada en una sala blanca, con la respiración agitada, en el techo la luz parpadeaba lentamente y unas gotas que vertían del techo caían en su rodilla. Al mirar al costado se encontraba la chica de pelo enrulado y ojos grises en su misma situación.

     — Marina—susurró ella.

     La chica de ojos grises levanto la mirada.

     — Sil—susurró ella sorprendida. 

     — ¿Cómo saldremos de aquí? —preguntó Marina.

     Sil negaba con la cabeza rápidamente. 

     — No… no lo se—susurró ella.

     La puerta se abre, un hombre ingresa a la sala, al cerrar la puerta quita un pequeño cuchillo de su bolsillo y comienza a deambular por la sala. Los nervios de amabas se encontraban en un punto inconmensurable, la muerte podía olerse a metros, los ojos azules de Sil goteaban lentamente mientras Marina cerraba sus ojos y apretaba sus dientes con temor. Luego de unos segundos los cuales parecían eternos, aquél hombre se coloco tras ellas.

     —  ¿Dónde están las demás? —preguntó él.

     — ¡Nunca te lo diré! —exclamó Sil con la mirada al frente.

     Aquél hombre suspiró, tomó del cabello a Marina con violencia, colocó el cuchillo en su cuello y puso su mirada en Sil.

     — Tú eres la que puede localizarla con tu mente, ¿no es así? —dijo el mientras las lagrimas de Sil tocaban el suelo.

     Ella asintió con su cabeza.

     — No lo hagas, Sil—susurró Marina mientras sus ojos se acristalaban de lágrimas.

     — ¿Cómo? —preguntó aquél hombre.

     Sil tragó saliva.

     — Con un armario—contestó ella.

     — Bien—dijo él mientras soltaba el cabello de Marina—, no se muevan de aquí.

     El hombre apagó la luz, cerró la puerta con violencia mientras Sil y Marina cruzaban miradas con nerviosismo y pánico.  Luego Sil estalla en un profundo llanto, Marina coloca su cabeza en su hombro, sus corazones eran frágiles como cristal astillado.

Harry, Lizzie, Ron y Lilia se encontraban frente al armario mientras las partículas de polvo inundaban el aire con el reflejo del sol. Lilia caminó hacia sus puertas, puso sus manos en los picaportes y observo a Harry.

     — Hazlo—susurró Harry.

     Ella abrió las puertas y el armario se encontraba vacío. 

     — Vez, te lo dije, todo esto es una perdida de tiempo—dijo Lizzie señalando el armario.

     Ambos observaron como Lilia se adentraba en el armario y comenzaba a empujar sus maderas del fondo. Harry se puso junto a ella, juntos comenzaron a empujar mientras Lizzie y Ron observaban con atención. Unos pequeños rayos de luz comenzaron a salir desde distintos puntos de esa madera, Lizzie y Ron se acercaron y comenzaron a empujar con ellos.

Mientras tanto Marina se encontraba amarrada, pero Sil no, ella estaba unos metros mas adelante parada frente a un armario rodeada de unos misteriosos hombres.

     — ¡Sil!, ¡Sil!, ¡no lo hagas! —exclamó Marina forcejeando con la cuerda que la sujetaba.

     — ¡Cierra la boca! —exclamó uno de aquéllos hombres.

     Sil estiro su mano, una luz roja se encendió en su pecho, todos quedaron perplejos ante tal evento paranormal, luego de unos segundos el armario comenzó a vibrar levemente.

     — Sil…—susurró Marina entre llantos.

     Las puertas se abrieron con violencia generando un gran estallido de luz sin sonido, desde dentro del armario se escucharon pisadas, de el salieron Lizzie, Ron, Harry y Lilia. Los ojos de Marina brillaron al ver a Lilia salir de allí, Lizzie tomó del brazo a Harry al ver todo lo que estaba a su alrededor.

     — ¿Qué es todo esto? —susurró Lizzie.

     — No lo se—susurró Harry.

     Los hombres tomaron a Lilia del cabello y la arrastraron por el suelo hacia la puerta.

     — ¡Suéltala! —exclamó Harry corriendo hacia ella. 

     Otro de los hombres lo sujetó y lo lanzó al suelo.

     — ¿Quiénes son ustedes? —preguntó un Sil.

     — Somos… amigos de Lilia—contestó Lizzie—, ¿Quién eres tu?

     —Somos… hermanas de Lilia—contestó Sil señalando a Marina.

     Un hombre de tunica blanca levantó a Harry del suelo mientras otros hombres se llevaban a Sil y Marina.

     — ¡Déjala ir!, ¡maldito! —exclamó Harry golpeando el pecho de aquel hombre repetidas veces. 

     Aquel hombre lo tomó de los brazos.

     — Cállate y escúchame—dijo él—, No se que demonios hacías con ella, pero hiciste bien en alejarte, estas mujeres son mas peligrosas de lo que crees.

     — ¿Por qué? —preguntó Ron.

     — Estas chicas son… brujas, hay muchas de ellas aquí, son un peligro para la población—contestó aquél hombre levantándose del suelo. 

     Harry se levantó y sacudió su ropa. 

     — Suéltenla, es solo una inocente niña—suplicó Harry mientras sus lagrimas caían de sus ojos. 

     — No les haremos nada malo, créeme, en unos meses te olvidaras de esto— dijo aquel hombre mientras algunos salían de la sala. 

     — Lo lamentaran—susurró Harry mientras Lizzie jalaba su brazo.

     — Harry, vámonos de aquí—susurró Lizzie forcejeando con el.

     Ron tomó del brazo a Lizzie y Lizzie el de Harry. Luego de un cruce de miradas con todos, ambos se adentraron en el armario de nuevo, luego aquél hombre camino hacia ellos y cerró las puertas del mismo. Los chicos salieron del armario, Harry ponía las manos en su rostro para evitar el llanto, Lizzie lo observaba con tristeza mientras que Ron cerraba las puertas del armario.

     — Harry… lo siento—susurró Lizzie al borde del llanto.

     Harry se lanzó al suelo, luego Lizzie lo abrazó mientras explotaba en un ruidoso y desgarrador llanto. En ese momento fue cuando sintió un frío en su pecho, sentía un dolor sempiterno entrado por sus venas, esparciendo sus raíces y cortando sus alas.

Los días habían pasado, en el cielo se veía el arrebol de color rosa y un fino aroma a petricor. Todo el pueblo estaba en silencio, al igual que el bosque, estaba totalmente mondo. Nuevamente Harry se encontraba en el desván, había colocado unas sabanas en el suelo junto al armario, esperando a que algún día su hermosa dama volviera. Se encontraba sentado en una silla observando por la ventana del lugar con nostalgia y bonhomía. A pesar de todo, su corazón continuaba inmarcesible, con la misma belleza y fragilidad de un diamante. Los minutos pasaban, nada parecía interesante, ingresó a su habitación en busca de su navaja, revolviendo sus sabanas le ocurrió una serendipia, entre sus dedos se había entrelazado un cabello de Lilia, lo observó con melancolía para luego sonreír y hacer que sus ojos lagrimeen. Nada en el mundo conseguirá que deje atrás a Lilia, ella es su cárcel, su laberinto, pero también su salida. No aguantaba todo esto, se quedó con sientas de cosas que decirle, palabras tan bellas que ni siquiera la luna habría escuchado, cruzaría mil infiernos para poder sentir sus finos y calidos labios. Solo fueron un hermoso, sincero y pequeño cliché.

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