Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

GARDAS COMO AQUELLOS …. (INVIERNO) por Brenda Alzamendi (Uruguay)

Subí al ómnibus repleto de gente, como todos los días, los pasajeros sumamente abrigados por el frío invernal, apenas podían moverse.

Mire de reojo a todo el pasaje, las ventanillas estaban totalmente cerradas, apenas se podía ver el exterior por algunas líneas verticales producto del espeso vaho de tantos seres, tosiendo y sonándose la nariz. El aire era irrespirable.

Y para completar el impertinente inspector golpeando con una moneda, en todas las paradas. ¡Un pasito más!…un pasito más, _gritaba_, para que la gente se apretujase más en aquella “catramina”. Como si fuera tan sencillo, soportar esa odisea diaria que hacía intolerable el recorrido.

Por fin pude sentarme al lado de un joven, que venía pegado a la ventanilla semi-dormido.

Yo estaba de estreno, me habían regalado aquel horrible “rompe vientos” de lana, que me llagaba hasta las orejas, y no me permitía respirar.

Las gotas de sudor, recorrían mi espalda en canilla libre, hasta la cintura.

Al rato no podía aguantaba más, un poco nerviosa por tener que despertar al joven dormido a mi lado, tomé coraje y suavemente le toque el hombro, entreabrió los ojos como venido de otro mundo Lo miré temerosa y le pedí, que por favor abriera un poco la ventanilla, que tenía calor.

Sin mirarme siquiera, fastidiado y con cara de pocos amigos, me gritó ¡No me joda señora hace frío!

Todo el pasaje comenzó a mirarnos, yo me revolvía en el asiento, como invadida por los bichos colorados, no aguantaba más, y lo peor, era que aún estaba lejos de mi parada.

Al final me armé de coraje y me dirigí al guarda.

¡Guarda por favor, puede usted abrir esta ventanilla!, aquí no se puede respirar

 El veterano y desaliñado funcionario, cuatro filas mas adelante que yo, se paró, boletera en mano, mientras que no dejaba de venderlos, miró a mi joven compañero de asiento y con un rotundo acento Español –le llamó-

_ ¡Oye tú!, sí a ti te digo -le increpó- cuando este al fin lo miró-

   ¡Abre la ventanilla! no vez que la señora tiene calor.

 _El joven sin inmutarse, le contestó. – ¡No la abriré!

A esa altura todo el pasaje estaba pendiente del desenlace, de aquella situación.

El guarda sin inmutarse por la negativa del joven, y mientras que continuaba con su venta de boletos, decía el voz alta ¡Claro…claro! Tú… tú, eres joven, pero ella…ella, tiene sus años… Qué irrespetuoso eres, ¡Abre pues!

Miro al joven un instante por encima de sus lentes, y viendo que no obtendría respuesta, sin más y perdiendo la paciencia, paró su venta de boletos y le gritó ¡Abre pues coño!

El joven se paró como un resorte, se montó su mochila y pasó por delante de mí arrasando mis piernas, y mi orgullo, pidió parada, con un chistido nada amistoso.

Antes de llagar a la puerta se dio la vuelta y gritó para todos, – ¡Pero qué manera de joderme esta mujer, no me dejó dormir!-

Todo el pasaje largó la carcajada, yo me enterré en el cuello del maldito buzo, ya no tenía el valor de correrme, para abrir la ventanilla.

Dos paradas más adelante, me bajé, aunque no era la mía, decidí caminar furiosa.

Y mientras lo hacía y sin ninguna razón comencé a reírme a carcajadas yo también.

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