Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

El Deber – por Christiam Ricardo M. Paredes (Perú)

Una idea le bailó en la cabeza era la voz de su madre recordándole que debía lavar los platos, en ese momento se encontraba sentado en una discoteca, frente a él su amor inmarcesible, la amaba a morir con bandera en mano y gritando su nombre, sin embargo, como todo gran amor; no era correspondido. Aun así ese momento, era su momento, ella estaba con la cabeza inclinada hacia él, el beso deseado por fin se planeaba hacer realidad, pero por artimañas del recuerdo abrupto se levantó inconscientemente, Juanita termino por besarle la panza chelera; por la gran cantidad de alcohol que tenía en su sistema no noto la diferencia. Guillermo se disculpó, ella ya con la cabeza gacha a punto de quedarse dormida, solo atino a levantar vagamente el brazo.

Guillermo me conto que esa costumbre del hogar que tanto pavor le llenaba, se debía que en ese año su familia de Suiza llegaría al Perú para pasar la navidad, un total de veintiochos personas compartiendo la cena la cual dejaría una gran cantidad de menajes, que se volvería repetir en año nuevo. La razón por la que tanto miedo tenia era porque en su casa el que no lavaba en su día como castigo le tocaría lavar todo el mes desde el día en que fallo, ahora ya podemos entender todo lo que se jugaba, para mayor “suerte” su madre se levanta todos los días sin falta a las cinco de la mañana, iba al baño pasando por afuera de la cocina mirando de reojo asegurándose de que este todo limpio.

Mientras salía corriendo recordó que cerca de su barrio la veredas estaban rotas supuestamente para repararlas de lo bien que estaban, lo típico para no irse sin nada en el bolsillo el alcalde de turno. Guillermo ya a cuatro cuadras de su casa, ve como cuerpo van corriendo de aquí a allá, piedras cayendo del cielo como meteoritos van, que logra esquivar con gran destreza, se detuvo a pensar rápidamente qué decisión tomar, si se deba la vuelta llegaría a las 4:36 pero, si iba directo llegaría a las 4:30, no le quedaba de otra si no llegaba lo más rápido posible su madre vería que lo platos sucios y amontonados, corrió directo al enfrentamiento, esquivando piedras y lanzando gritando con los otros que no sabían porque peleaban, sentía como si fuera algo personal aquella lucha, logro esquivar una piedra que le rozo la cabeza pero al que estaba atrás de él le cayó en toda la nariz, el con otro tipo lo arrastraron, el otro bando retrocedió en busco de más rocas, los compinches del herido se lamentaban, juraban y perjuraban venganza al instante, pero rápidamente decayeron al ver que su amigo malherido no dejaba de sangrar, Guillermo que solo le importaba lavar los platos empleo toda la oratoria que nunca tuvo para seducir a Juanita, los sujetos miraban absortos a Guillermo hablar con vehemencia, rápidamente acopiaron rocas de todos los tamaños y esperaron con esmero el regreso de los enemigos, llego el momento, se escuchaban los zapatos correr, sombra gigantes aparecían fugaces por las paredes de las casas que ya cansadas de esos enfrentamientos se habían resignado excepto uno, el primer grito se oyó y comenzó la batalla, la motivación que les había dado Guillermo parecía funcionar, los enemigos notaron una diferente fuerza en sus contrincantes, dos del bando de Guillermo se tomaron demasiado enserio las palabras de él, mostraron su armas secretas: botellas llenas de alcohol con un trapo en la boca, prendieron los trapos,  lanzaron sin calcular, los gritos guturales se hicieron más fuertes, jamás se habían descontrolado tanto estas batallas, el fuego dividía la cuadra, lanzaban piedras al azar, esperando que alguno hiera a alguien del otro lado del fuego, Guillermo al ver tremenda escena pensó que nunca llegaría a tiempo, la única opción era pasar corriendo a través del fuego,  Guillermo corrió desesperado hacia el fuego, sus compañeros de batalla se miraron los unos a los otros y con un grito unísono corrieron detrás de Guillermo, los enemigos veían como cuerpos llenos de adrenalina cruzaban el fuego sin miedo a nada, con rapidez se esfumaron del campo, los compañero de Guillermo celebraron la victoria, mientras él seguía corriendo sin parar hasta su hogar. Le quedaba solo veinte minutos, ahora más tranquilo pensó que mejor hubiera sido darse la vuelta.

Cinco de la madrugada la puerta de su madre se abrió, todavía le faltaba la mitad de todo lo que había cuando llego, la puerta del baño se abrió y se cerró, después de un rato se abrió, Guillermo se posó en medio de la puerta para tratar de tapar la visión a su madre, su madre paso sin mirarlo al mismo tiempo que bostezaba; quedó paralizado, con el corazón queriéndosele salir por la boca, retorno a lavar los platos, termino todo y se acostó a dormir, horas más tarde, su madre le conto que en la tarde de ese mismo día una vecina suya, le conto que lo había visto a él en esas peleas sin sentido que hacen los malandros, escuchaba disimulando asombro y negando rotundamente aquella participación, hasta hizo acto de sinceramiento le conto que lavaba los platos a esa hora, ya que regresaba de la discoteca, su madre reconoció la sinceridad de su hijo y le dejo tranquilo.

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