Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

El Burro por Nachimov- por Ignacio Delgado Díaz ( Madrid)

Esta fabula cuenta, la historia cierta, pero no por ello menos cruenta, de un hombre del país, de tan extraña condición, que vivía de su propio esfuerzo y sudor.Levantábase muy tempano, azadón en mano, y araba y araba, hasta que la luna por el firmamento asomaba; si él no trabajaba su familia no tragaba.Tras duros inviernos y sofocantes veranos, por fin su trabajo no fue en vano y, de la tierra hostil, granos mil, le llovieron en las manos.El hombre y su mujer, ansiosos por tener, después de una vida de carencias, quisieron disponer de las existencias y, vender cual mercader.Nada había sido fácil en la vida de nuestro trabajador y, este nuevo negocio no iba a cambiar de condición, puesto que para despachar la cosecha, había que caminar un montón, que sin medio de locomoción, iba a dejar su espalda maltrecha. Como el dinero no les alcanzaba, buscaron quien una mano les echara. La mujer era de la opinión, que para pedir una miaja, lo mejor era un banco o una caja. Él igual o más cabezón, sin querer ceder jamás la razón, decía: caté ya cagondió, questo lo arreglo yo, ande layuntamiento, donde nunca farta al momento ayuda al trabajador. Ten cuidáo Manué, mira bien ande te metes, que no hay ná que sacar, donde no hay ná que rascar. No llegó la sangre al rio y, Manué compuesto y saborio, fue al ayuntamiento decidío, de sacar para el jumento. Un señor con chaqueta de pana, encima de la americana, saludolé con gran contento, a la vez que le decía, que nada existía, más noble y puro, que los callos de los que trabajan duro. Mire usté señor concejá, que yo no sé mu bien hablar y menos de explica, lo que yo quiero es comprar un burro y ná más. El señor del mostrador, con su encanto de vividor, hizo pasar al trabajador, a un oscuro corral, donde daban de pastar a un burro de verdad.Este burro será, el que alivie su malestar y, sin que usted lo eche en cuenta, le evitará el trabajarEl hombre harto de bregar, sin mirar si mentira o verdad, confió en el buen señor y, el burro compró. Loco de contento, paseaba su jumento por toda la vecindad y, a todo aquel que en su camino se cruzaba, aseguraba como gran verdad, que en la ciudad a los trabajadores se amaba.Llegó el día del reparto y, encaramado en su tartana, el hombre con grandes ganas, partió a la capital.Con el carro hasta los topes, el burro no tiraba ni pá tras, pero no era éso lo que al hombre le alarmaba, sino que la bestia tropezaba y, siempre trotaba mal encará.¡Cagondió, el burro, sus muertos tos!, pos no me da la sensación, que el muy cabezón, se desvía hacía la izquierda y, que si me llego a confiar, me ví derechito a la mierda. Y así era en verdad, pues aún a la vera del precipicio, sin fijarse en el estropicio que pudiera causar, iba el animal más a la izquierda de lo normal. Bajosé el hombre del carro y tuvo que aguantar no pocas ganas de deslomar al estúpido animal, que ni aún a fuerza de empujar, la izquierda quería abandonar. ¡me ví a cagar en tos tus putos muertos tos! ¡y la puta mare que te parió!, nos va a joer con la ayuda que me iba a dar, na más que me falta ya, tener que cargar al puto animal.A la vera del camino, abandonó al pollino y, muy a su pesar, el carro a cuestas tuvo que llevar. Ya te lo dije Manué, decía su mujer, cuando lo vió llegar, con una mano delante y la otra atrás. Es mejor que calles mujer, que llevas las de perder y no adelantas ná. Mañana voy layuntamiento y
me cago en tos sus muertos y, no se hable más.El hombre, muy de mañanita pescó el dos y, de un tres por dos, se plantó frente al consistorio, que había cambiado de envoltorio y la pana y el tergal, había mutado en seda y azafrán.Un hombre muy bien vestido y de aspecto relamido, le atendió frente al umbral y, sin más ni más, se puso a declamar, cuán querido era, a su partido, el trabajador leal.Que las cosas iban a cambiar y que nunca volvería a ser desoído y que con solo sus deseos expresar, éstos serían cumplidos. Yo no entiendo na más que de trabajar y por eso vengo a suplicar, una ayuda pa comprar, un pollino de verdad, que tire con cohones y no sea una pila de mojones.Tenga usted la bondad de pasar, a la parte de atrás, donde podrá usted apreciar, a un buen burro de verdad. El señor del bigotito, le enseñó un animalito, muy lustroso y muy bonito, que cuando el hombre vió de cerca, quiso romperle la cabeza a porrazos con la cerca. ¡Te como los huevos¡ ¡cagondió si éste no es el mismo burro, que me endiñó el otro peazo cazurro! No se deje usted, por las apariencias engañar, trabajador leal, que nosotros en conciencia, solo pensamos en su bienestar.Y no quiso el hombre malpensar y creyéndose la mitad, cargó con el pollino, que iba todo el camino, recordándole al primer animal. Ay Manué! ¡ que te lan vuelto a pegar! ¡que este burro es la misma mierda y se que vaya al coño quien lo entienda!Cállate mujé, que de cosas de ciudad, tu no entiendes ná, el señor me aseguró, que éste es un buen animal ¡y ea no digas más! Ayúdame a cargar, que enseguida lo vamos a probar.Pronto y sin tardar, caminito echó a andar y, el puto burro , ahí es ná, no paraba de tirar, a la derecha del camino, con peligro de mandar, a tomar por culo a nuestro vecino. ¡Cagondió, cagon tol puto santorá, nos va joer una vez má! ¡Me ví a cagar en to los muertos tos, la puta madre lo parió! ¡ma endiñao gato por liebre aquí el ilustre compadre! Y así fue como el sufrido trabajador, una vez más, tuvo el solito que soportar, el peso y la necesidad, de los que tienen que trabajar, para el país levantar, y por mucho que busco, en ningún sitio encontró, el que su carga quisiera aliviar. Esta es una fábula veraz y si no, que se lo vayan a preguntar, al pobre Manué Marcial, que jarto de trabajar, no le puede ni comprar, unos zapatos al zagal y una toca a la zagala, que se tienen que contentar, con la herencia familiar: trabajar de sol a sol, por una mierda de jornal, y ¡ahí es na! ¡y no hay más que contar!

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