Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

American Prometheus – por Ángel Revuelta Pérez (Cantabria)

Aproximo la tarjeta a la célula y aguardo con tonta ansiedad las décimas de segundo que tarda en iluminarse en verde la pantalla, permitiendo la apertura del dispositivo automático de la puerta. Y, como siempre, casi me sorprendo de que me permita cruzar, de que no aparezca la temida luz roja parpadeante proclamando “acceso denegado”. Tras casi un año trabajando en las instalaciones, aún no me he acostumbrado a que yo forme parte del Proyecto Ingolstadt.

Y es que –lo admito– tanto secretismo me genera cierta ansiedad.

Sacudiendo la cabeza para apartar esos tontos pensamientos, atravieso el gran y desierto recibidor cuando un relámpago ilumina la noche más allá de la acristalada cúpula que culmina la cubierta del edificio. Parece que el calor bochornoso de los últimos días va a desembocar, al fin, en una aliviadora tormenta.

Saludo con un movimiento de cabeza a Berta, quien, como cada noche, vigila apostada tras la mesa de recepción, donde parece no caber su voluminoso cuerpo de atleta olímpica soviética enfundado en el uniforme de guardia de seguridad. Su mirada me devuelve la mutua y, sin embargo, cordial enemistad que nos profesamos. Resulta curioso de qué manera alguien puede caernos mal desde un primer momento, sin que hayas tenido problema alguno con él o ella –no sé bien dónde encaja la Gran Berta–. En todo caso su actitud no ayuda a convencerme de mi integración en la “gran familia” del centro de investigación. Me domina la persistente sensación de que los demás, con cierta condescendencia, continúan viéndome como el chico nuevo. En el caso de mi querida cancerbera con vocación de culturista, ni siquiera me concede la condescendencia.

Tras su mudo gesto de asentimiento –sin articular palabra alguna, por supuesto–, termino de cruzar el recibidor y atravieso la segunda puerta de seguridad, que me permite descender en el ascensor hasta la planta menos cuatro. Cuando entro en el laboratorio me envuelve su aséptica atmósfera, en cuyo interior sólo es perceptible el olor de los distintos componentes químicos y una cierta saturación eléctrica. Por alguna razón que no logro comprender –añoranza quizá– regresa a mi memoria la lasaña que compartimos Ariadna y yo el anterior fin de semana.

No me extraño de ver al doctor ya en plena actividad, tal y como lo dejé la pasada madrugada. Como si no hubiese abandonado las instalaciones –¿tendrá casa?–; como si no necesitara comer, beber, dormir o practicar sexo, al menos con otros seres humanos.

–Buenas noches, doctor.

–Igor, llega usted tarde –me responde adusto con su leve acento ginebrino sin levantar la vista del microscopio.

–Lo siento –me disculpo casi murmurando, mientras compruebo en mi móvil que sólo pasan dos minutos de las diez.

Entro en el vestidor y me enfundo con rapidez el mono verde y la bata blanca. No logro contener un bostezo antes de regresar al laboratorio. Comprendo la necesidad de “discreción” para la labor que realizamos aquí, pero ¿no podríamos tener una jornada laboral diurna? Este horario me va a robar años de vida.

–Estoy listo, doctor Frankenstein.

Decir su nombre en voz alta aún me impresiona. Cuando en octubre pasado, tras licenciarme y acabar el máster, me llegó a casa la carta certificada confirmando que me habían concedido la beca Shelley de investigación, ni en sueños imaginé que acabaría trabajando con uno de los mejores neurobiólogos del mundo. Alguien que suena en la lotería de las candidaturas al Nobel desde hace años.

–Hoy deberemos esforzarnos, Igor –me dice con su característica mezcla de severidad, entusiasmo e hiperactividad–. En menos de una semana tendremos que efectuar una demostración para nuestros… patrocinadores.

Yo asiento con gesto serio y concentrado, queriendo mostrar plena entrega y rigor; y disimular las crecientes dudas que me asaltan desde hace unas semanas. Miro a la criatura que flota dentro de la cápsula de suspensión vital, como un enorme bebé felizmente suspendido en su líquido amniótico, y me siento aún menos convencido: su figura oronda, próxima a la obesidad, las pequeñas manos que le dan cierto aspecto de T-Rex, el permanente rictus en su boca de niño enfadado, el tono anaranjado zanahoria de su piel y la rala cabellera rubia oxigenada, como pelo de muñeca…

¿De verdad éste es el aspecto de un futuro líder mundial? ¿Quién confiaría en él hasta el punto de situarlo al frente de los destinos de la mayor potencia del planeta?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

MasticadoresFEM

"Solo quiero que se me recuerde como una persona que quería ser libre” Rosa Parks

Isabel Alonso Díez

Arte & Activismo

A Tinta China

Plasmando palabras, a la luz de la pluma

Buscando el sentido de un instante

Alberto Blanco González

Entre paleras y encinas.

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

Puentes de papel

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

RETAMAS Y CODESOS

Página de literatura, reseñas y poemas

ENTRE LA SOLEDAD Y EL APLAUSO... ESCRIBO

Soy un reflejo de mis historias, si no escribiera sería una sombra de mi misma

David Ortega

Blog literario y filosófico

POETAS EN LA NOCHE

Poesía, cuentos y relatos

Lo irremediable

Cine Filosofía Fotografía Literatura Música Pintura

Andiñuela de Somoza

Pueblo maragato, perteneciente al ayuntamiento de Santa Colomba.

Versos en la Somoza

Poesía en el umbral de la Maragatería

TAM-TAM PRESS

TRAFICO DE CULTURA / Piensa, crea, actúa, retumba...

Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

WordPress.com en Español

Blog de Noticias de la Comunidad WordPress.com

A %d blogueros les gusta esto: