Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

¡ADJUDICADO! por Francisco Pérez Cánovas (Murcia)

La sala está abarrotada, era de esperar, hoy no es un día cualquiera. El subastador desfila por el pasillo con paso firme, llega al atril, carraspea y habla:

—Buenas tardes. La casa de subastas “Ráscate el bolsillo” les agradece su presencia en esta gala.  La subasta dará comienzo con un lote compuesto por dos figuras. —De un tirón hace caer la sábana que cubría las figuras. Continúa con su parlamento—. Son una joya de coleccionista. Labradas en piedra pómez con incrustaciones de aguamarina y cuarzo. Originariamente estaban pintadas en lapislázuli pero el paso del tiempo ha hecho que este color se difumine en toda la obra.

La primera figura representa a un político catalán prófugo de la justicia con los brazos cruzados y en posición desafiante. En un principio el escultor, según se ha podido apreciar en los iniciales bocetos, pretendía colocar la figura como los famosos caganers catalanes, pero finalmente desechó esa idea pues podría inducir a confusión y perder el carácter mayestático de la escultura. Al decir la palabra “procés” baila una sardana.

Con torpeza y mecánicamente la estatua inicia, lo que parecen, unos pasos de baile.

— La segunda escultura evoca a un gobernante español con rictus hierático e impasible. Aquí el originario lapislázuli se diluye por completo dejando una especie de color ocre que semeja el tono incorruptible del brazo de Santa Teresa. Y la cualidad más sorprendente de esta figura es la siguiente, observen ¿Lo aprecian? Nada. No hace nada. ¡Es extraordinario! No hace nada de nada.

El mecanismo funciona en conjunto. Inicialmente estaban unidos de las muñecas por un lazo amarillo, pero por causas desconocidas sufría una combustión espontánea que hacía arder el lazo. Durante mucho tiempo los lugareños se dedicaron a reponer el lazo amarillo que fundía las dos figuras, pero otros “ciudadanos” los quitaban por miedo a que todo el entorno ardiese sin remedio.  De ahí el carácter místico de la obra.Pausa teatral para acercarse el vaso de agua a los labios, saborea el triunfo, de reojo aprecia la expectación que sus palabras están causando en el público. Es el momento, su momento.

El autor desconocido, durante mucho tiempo se creyó que detrás de esta maravilla había “Mas” de un autor, dotó de movimiento a las figuras. Así, cuando decimos la frase: ¿Cómo pueden arreglar las cosas entre ustedes?Perplejo observa cómo las figuras, no sin cierta dificultad, comienza a tirarse de las orejas—.  ¡No, no! Este no es el mecanismo, debe estar estropeado. Probemos otra vez: ¿Cómo pueden arreglar las cosas entre ustedes?.

En esta ocasión, la talla, lanza cortes de mangas al aire como poseídos por algún ente diabólico.

¡No! ¡Qué barbaridad!” —Grita el subastador—. Debe fallar algo. Acercándose por detrás manipula el mecanismo de la escultura. Ahora creo que funciona. Veamos: ¿Cómo pueden arreglar las cosas entre ustedes? —Las figuras, situadas una frente a la otra, acercan sus cabezas lanzando besos como si de muñecos chinos se tratara—. ¡Ahora sí funciona! Perfecto. —Exclama con satisfacción.

Muy bien. Pues daremos comienzo la puja. Comenzamos con 100 euros, 100, ¿alguien da 100 euros?Un señor mayor sentado en las primeras filas y que porta unos quevedos, levanta su mano—. Por aquí, muy bien. El señor ofrece 100. 100 a la una…

—La joven situada a la derecha del señor de los quevedos mueve su abanico ostensiblemente—. ¡120!, la joven ofrece 120. 120 a la una, 120 a las dos… —Periódico en alto y haciéndolo oscilar se hace notar alguien vestido de militar—. ¡Sí!, ¡140!, por allí ofrecen 140. —En ese momento, sin poder evitarlo, la señora de la limpieza que pretendía entrar a los aseos para comenzar su jornada, soltó un estruendoso estornudo—¡Muy bien! El elefante…perdón, la señora del moño ofrece 150.  —La limpiadora lo mira con estupor y comienza a mover alocadamente la bayeta—. Sí, sí, ya la hemos visto, no se preocupe. 150 a la una, 150 a las dos…Mientras la desafortunada asistenta cae desmayada sobre el cubo de la fregona, un joven situado justo enfrente del subastador eleva su pluma estilográfica—.  …155, veo 155. El joven ofrece 155.

Al escuchar esto, la figura que representa al prófugo catalán comienza a dar bandazos y a cabecear, atravesando rápidamente el pasillo de la sala. Ante el estupor de todos los presentes y el horror del subastador, la otra figura al ver huir a la primera también sale tras ella lanzando una especie de silabeos incomprensibles.

Pero, ¿qué pasa? ¡Oigan! ¡Vuelvan!Grita con ahínco el animador de la velada y viendo que no obtenía resultado alguno, decidió dar  por finalizada la puja—. Pues, 155 a la una, 155 a las dos y 155 a las tres. ¡Adjudicado!.

Hoy no era un día cualquiera.

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