Paz Martínez- Urdidora de versos

Algo siempre se mueve cuando los versos conspiran. Carlos Attadía.

Infausto destino

por Ramón González Reverter (Tarragona)

Infausto destino

Todo lo que tiene que suceder está escrito y ningún hombre por rico o famoso que sea puede evitar lo que ocurrirá. Y para muestra, un botón.

            La familia Astor provenía de Alemania. Jacob, con sólo diecisiete años, había emigrado a Estados Unidos en 1780, donde llegó como dice el argot “con una mano delante y otra detrás”. Pero se espabiló rápido. Bien dotado para los negocios, pronto hizo fortuna comerciando con los indios americanos, a los que compraba pieles. Extendió su mercado por Asia, en donde cambiaba las pieles por artículos de lujo procedentes de China. Su hijo William, con una inmensa herencia a su alcance, compró amplias parcelas en Nueva York, donde erigió la cadena de hoteles Waldorf-Astoria. John, el siguiente miembro de la estirpe, provocó uno de los mayores escándalos de aquella época al divorciarse de su esposa para casarse luego con una jovencita de dieciocho años que podría haber sido hija suya. En 1912, huyendo de la prensa, la pareja de enamorados se dirigió en Luna de Miel a Europa, y tras recorrer varios países decidieron regresar a Estados Unidos a bordo del lujoso Titanic. Cuando el transatlántico chocó con un iceberg, el magnate aseguró con suficiencia: “Estaremos más seguros a bordo del navío que en un bote salvavidas”. Luego, al comprender que el buque naufragaba condenado sin remedio, acabaron abandonando su camarote y se encaminaron hacia el gimnasio a esperar noticias. Cuando se dieron cuenta de la grave situación, ya era demasiado tarde. Los pasajeros de primera y segunda clase habían ocupado las lanchas y se alejaban del barco. Entonces, en un supremo acto de heroísmo, el millonario ordenó a su esposa Madeleine que subiera con la criada al último bote destinado sólo a mujeres y niños. Fue el último adiós entre marido y mujer, puesto que él moriría ahogado en las frías aguas del Atlántico Norte y ella sería rescatada poco después por el buque Carpathian, que la conduciría al puerto de Nueva York. Cuatro meses más tarde daba a luz al hijo póstumo de su difunto marido, a quien bautizó con su mismo nombre: John Jacob Astor.

Sobre el autor:

Tengo 63 años y me acabo de jubilar tras ejercer durante 36 años la ardua labor como maestro en un colegio público de Tarragona. Hace cinco lustros y debido a la pasión por la lectura, nació mi afición por escribir. De hecho, lo que empezó como una simple diversión, con el tiempo se ha convertido en una auténtica vocación. El éxito en los primeros concursos me sirvió de estímulo para una mayor dedicación. De hecho desde entonces, mi producción literaria ha ido aumentando no sólo en cantidad sino en calidad, como avalan los 159 primeros premios y los 241 galardones de finalista de mi currículum vitae.

Puntuación: 1 de 5.

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