María Sánchez es escritora, poeta y veterinaria de campo y debe ser por eso y por ser hija y nieta de veterinarios —la primera mujer en su familia en dedicarse a un oficio comúnmente ejercido por hombres— que siente la urgencia de proteger el medio ambiente, los pueblos y sus culturas.  Va sembrando semillas de memoria, de palabras y de símbolos al paso. Cree en la tierra fértil, plural y colmada de múltiples vidas, todas distintas, todas visibles y sobre todo enraizadas en los orígenes.

Salva las palabras en extinción que han dejado de usarse porque cree firmemente en la esencia que en ellas reside, y las recoge en su libro Almáciga (Geo planeta 2020) como quien recoge los frutos de otoño en un cesto, para que no se pierdan, para no olvidar nuestras costumbres, de dónde venimos, y poderlo transmitir a los que llegan para perpetuarnos.

Dice que creció pendiente del suelo, persiguiendo rastros, reparando en plantas y huellas. Y decidió compartir en su blog cada cosa aprendida, cada curiosidad. Conocer y poner nombre a las cosas para acercarse más, para cuidar mejor.

Insiste, cada vez que tiene oportunidad, en la importancia de la trashumancia, de la ganadería extensiva — oficio milenario en extinción que al perderse agrava la crisis climática—, para  generar bio diversidad y  preservar  las razas autóctonas con las que trabaja. Los que hemos crecido en el oficio del pastoreo hemos experimentado los cambios paisajísticos y naturales con la despoblación y el abandono de las actividades agrarias. Conocemos muy bien sus consecuencias y agradecemos lo que María expone y defiende.

Siente la necesidad de escribir con la misma pasión que siente su profesión de veterinaria, dos talentos que lleva dentro desde siempre y que la unen al campo y a la necesidad de mostrarlo en sus trabajos, rompiendo los estereotipos que limitan al mundo rural y que impiden descubrirlo en todo su potencial y ser uno con él.

Comenzó su andadura con Cuaderno de Campo (La bella Varsovia, 2014), un libro de poesía escrito en ocho partes donde anota la vida a través de la memoria, la familia y los orígenes integrando la naturaleza; y lo que parece un recorrido de caminos de barro, es una ruta interior para el lector y para ella misma. Creció queriendo participar en un mundo de hombres y deseó ser como ellos para ser una igual, para ser una pieza más de aquella maquinaria masculina de la que la mujer no formaba parte, pero encontró su propio camino y fuerza sin la renuncia a sí misma a base de tesón y de revindicar su mundo a través de la literatura. De aquel sentimiento de supremacía masculina que la rodeaba nos regala estas magníficas palabras:

 “Soy la tercera generación de hombres que vienen de la tierra y de la sangre. De las manos de mi abuelo atando los cuatro estómagos de un rumiante. De los pies de mi bisabuelo hundiéndose en la espalda de una mula para llegar a la aceituna. De la voz y la cabeza de mi padre repitiendo yo con tu edad, yo y tu abuelo, yo y los hombres.”

En Tierra de mujeres (Seix Barral, 2019) la escritora visibiliza el importantísimo papel de la mujer en el mundo rural y les devuelve su voz y su lugar. Este ensayo completa el vacío que el feminismo y la literatura rural han dejado a falta de un enfoque realista sobre este campo. María Sánchez afronta, con toda la sabiduría que le da tierra, todos los puntos de vista, a pie de campo y con un magnífico uso de la palabra.

No es extraño que esta cordobesa haya merecido galardones como el Premio Nacional de Juventud de Cultura del Instituto de la Juventud de España o el Premio Artes y letras de la Fundación Princesa de Girona de las Artes y las Letras 2021.

Descubrir a María Sánchez es un regalo literario y humano del que no solo se está hablando mucho, sino del que no se debe ni se va a dejar de hablar. Ella es el mapa del camino que nos retorna a casa.

Podéis seguirla a través de su blog: https://maria-sanchez.es/

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