De repente sientes el derrumbe. Es cáncer. No escuchas nada más. El médico te habla, continua dando instrucciones, te entrega diferentes papeles para que empieces cuanto antes tu peregrinaje por los mostradores donde pondrán fecha y hora a tu primer scanner, a la gammagrafía, a la cardiogamma. Te explica como será la quimioterapia, el tiempo que durará pero hace rato que te replegaste sobre ti misma y no entiendes nada de lo que te cuenta. Tu cerebro ha dejado de procesar esa información. Sales de la consulta y revisas todo lo que te ha entregado. Haces un esfuerzo por leer, por entender y por ser práctica. La persona que te acompaña trata de hacer comentarios optimistas pero tu notas la condescendencia y respondes con silencios. A partir de ese día, cada mañana te despiertas pensando en lo que ha ocurrido, no fue una pesadilla, es real. Hasta que a golpe de rutina te acostumbras, aprendes a vivir con ello. Si tienes suerte podrás tener unos cuantos años por delante para desafiar a la enfermedad, para aprender de ella, para seguir viviendo y para aprender a perder cuando llegue el momento.


Mujer de las mil batallas que a tu estrella
Desafías con la lívida sonrisa
Que adorna tu mejilla y tu mirada,
Ahorrar dolor a tu familia es tu cuidado,
Agarrada a tu gotero de esperanza
Regalas una entera que no te sobra
Con besos gestados en la hebra de tu alma.

Frente al brutal golpe de la vida ondeas
Tu bandera rosa en un guiño enternecido,
Adelantando mil abrazos, por si acaso,
Silencias la confusión de tu entorno enfurecido.

Mujer de las mil batallas te han coronado
Por tu maestría en el arte de llorar por dentro,
Sin confesar los recelos que a tu causa asedian
Firme ante el bisturí que amputa tus contentos.

Se aflige, el alma madejada, en tu horizonte
Con lágrimas dulces en tus horas desgastadas,
En el galope lento de la muerte por tu cuerpo
Ocultas el sabor amargo de la pena en tu garganta.

Mujer de las mil batallas que te enfrentas
Al abismo pedregoso de tu pecho aprisionado,
Atrás quedarán los inciertos momentos oscuros
En la afanosa lucha contra tu sino funerario.

Mujer de las mil batallas no te rindas
Al acecho del monstruo que emponzoña tu morada
Y resiste estoica el duro envite de la vida
Con la amazona que renace vigorosa en tu cruzada.