Seguramente que vosotros ya no lo recordéis pero para mí es imposible olvidar esa tarde de 12 de agosto de 2016. Hasta entonces mi poesía había asomado poco más que para participar durante década y media en Tarde de Poesía del Centro Cultural El Casino. Escuchaba a todos, leía con excesivo apocamiento un poema y fin. Hasta el año que viene. Publicaba eso sí, en un blog y comencé a recibir sugerencias de amigos para publicar. El más insistente, Moncho Otero, con el que formo ahora el dúo En Son de Paz, del que tendréis noticias pronto, propuso la editorial: Marciano Sonoro. No me atreví a enviarles el trabajo que tenía bastante ordenado y les envié un enlace que les llevó a la poesía de mi adolescencia (ejemplo práctico de auto boicot). Enseguida se dieron cuenta. “¿No tienes poemas actuales?” Preguntaron. No respondí. Avergonzada me puse manos a la obra a repasar el trabajo que no les había querido enviar y un mes o dos después Monchó me retó: ” Si consigues que te publiquen yo pongo música a tu poesía”. ¿Iba a cantar mi poesía el mismo que había acompañado con su guitarra a Gloría Fuertes, Andrés García Madrid o Belén Reyes? Entonces, envié el poemario y me olvidé. Que el azar decidiera. Poco después, una tarde me llamó Jesús Palmero y a los pocos días empezamos con las correcciones, maquetación, la primera galerada, portada y fechas de presentación. Yo quería estrenarme en mi pueblo, al fin y al cabo casi eran los únicos que sabían de esta afición mía por las letras. En la presentación me acompañaron los músicos Javi Morán e Isaac García (Moncho no pudo llegar al debut), mis editores (amigos ya), Jesús Palmero Y Cristina Pimentel, el prologista, Richard García Nye (poeta, escritor y revelado contra las redes sociales) que conoció mis poemas siendo yo muy niña y siempre creyó en mí, mis amigos, mi familia. Todos tenían algo que decir. Todos menos yo que contenía las lágrimas de la emoción, del recuerdo del duro camino del cáncer en los tres últimos años, de la incertidumbre, del pudor ante la sala completamente llena. Yo declamaba según el guión cuando me tocaba, daba en tono casi imperceptible las gracias, soportaba el dolor de la tensión muscular y tragaba saliva agradeciendo, también, tener quienes llevaran las riendas de ese momento por mí. No hay momento de éxito equiparable a lo que se siente la primera vez, cuando aún crees que los poetas tienen el espíritu esencial y la misión que hará una sociedad mejor.