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Enlace al artículo en Astorga Redacción

El proverbial significado del pan va mucho más allá de su relevancia en la evolución humana con la consiguiente simbología en diversas religiones y culturas por ser uno de los alimentos más comunes y antiguos que se conocen. Su valor actual se lo proporciona seguir siendo un producto de primera necesidad por lo que representa el derecho de todos los seres humanos a alimentarse con dignidad, legitimando la verdadera libertad, pues cuando hay escasez de alimentos es fácil someterse a la tiranía por un mendrugo.

Del vocablo pan proceden infinidad de expresiones coloquiales que con frecuencia hacen alusión a la necesidad, a los recursos intelectuales o económicos de los que se dispone, y también ha servido, a lo largo de nuestra historia como civilizados homínidos que somos, de argumento para poder señalarnos entre las diferentes clases sociales, vinculando el pan blanco de trigo a las esferas más elitistas y el pan de centeno, de tono más oscuro a las clases humildes. Y aunque hoy por hoy ya no signifique nada el color del pan, las diferencias siguen existiendo y se establecen, fundamentalmente, en quién lo tiene y quién no.

Una de tantas expresiones a las que se vincula, toma su procedencia de los pastores que se juntaban para comer migas en el campo mientras cuidaban sus rebaños. Pábulo con multitud de variantes, compuesto principalmente de pan al que cada uno de ellos contribuía con algún alimento que llevara en el zurrón como tocino, ajos, o aceite y agua. Esa coyuntura dio lugar a un acto de fraternidad y a la expresión “hacer buenas migas” con la misma naturalidad que la evolución del vocablo dio lugar a otras palabras como compañeros, que viene del latín com panis (con pan), que significa los que comparten el pan o compartir que correspondería a repartir el pan.

Son muchos los que, en este momento de la historia que probablemente nos lleve a una crisis económica sin precedentes, con su propia levadura de auxilio y consuelo están restableciendo el sentido de estas palabras, mitigando penas y preocupándose de que alcance el pan para todos. Se organizan, cooperan, crean redes sociales, aplicaciones, cadenas de favores, ofreciendo todo tipo de ayuda para dar respuesta a cualquiera que lo necesite.

Sin embargo, en contra posición, otros que disfrutan de  mayores privilegios, recompensa de su elevado estatus social, de su ilustre linaje o del  azar de haber ido a más, han  preferido invertir en proclamarse más dignos, mejores defensores de la patria, más orgullosos de nuestra bandera, que han convertido en propiedad privada y que ondean con habilidades leoninas, pasándose por el mástil el estado de alarma, la crisis medioambiental y el “lo paramos unidos” porque seguramente están mucho más preocupados por no poder ir a sus segundas residencias o a sus hoteles de lujo a seguir dándose la vida padre,  que por las necesidades que apremian a miles de ciudadanos, y se han echado a la calle a vociferar desde sus flamantes descapotables y golpear sus relucientes cacerolas a las que nunca supieron  dar un mejor uso, porque esta cosa del virus y de las penurias ajenas no hacen juego con sus megalómanas personalidades

En cambio, para vislumbrar la auténtica fortaleza de la ciudadanía, en un país como el nuestro, solo hay que asomarse a los miles de puntos de ayuda vecinal y a los espacios solidarios de abastecimiento, como el nacido en nuestra provincia bajo el lema “Yo te ayudo”, que comenzó como una iniciativa particular en El Páramo llevando comida a domicilio a las personas mayores y creando una App de información para camioneros en plena cuarentena y que hoy da respuesta y alcance  a toda la península resolviendo  las dificultades de los que se encuentran sin papeles, trabajo o sustento, ofreciendo lo que tienen,  nada más y nada menos que  la propia determinación de ayudar y la de los que les siguen, pensando siempre en el prójimo.  

Estos y no otros, deberían ser los indiscutibles caminos patrios, basados en el bien común, en el compromiso de compartir el pan, no para quitárselo a los que lo tienen, como a muchos tratan de desacreditar, sino para que llegue a los que les falta como derecho fundamental que es.  

Ellos son el ejemplo. “Yo te ayudo”.  Que las penas con pan son menos.