La región a la que pertenezco y escribo estos versos es La Maragatería, el País de los Maragatos, o como anteriormente era llamada, La Somoza, una comarca situada en la provincia de León (España).

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(Tierras de la Maragatería)

En esta tierra que me brindó la vida
y me mostró su más amarga corteza
donde todos mis demonios habitan
escondidos tras  su belleza,

me tiene atrapada un encanto
que a sus paisajes amarra mi alma,
penada a  ver mi reflejo en sus gentes
que me reciben como a una extraña.

En sus escondites los primeros besos
que no siempre resultaron dulces,
las primeras batallas perdidas
que aprendí a perder por costumbre.

Aún así me niego a cruzar la puerta
que me aleje de estas congojas,
y sembrando voy mi ventura en sus lindes
bajo el cielo donde mis añoranzas moran.

Que a no abandonar este cielo me reta
el cromático otoño en sus montes,
el carente rumor  del río que llora
vencido por el estío bajo el puente.
Ha pugnado esta tierra por desafiar
el  rumbo fúnebre de su estrella
y se salva al abrigo  de su hechizo
amarrando nuestro camino a ella,
a las jugadas burlonas del destino,
y a la oquedad de las yertas callejuelas.

Esta tierra tiene un larguísimo recorrido histórico y una gran diversidad arquitectónica entre la que se destaca, la arquitectura popular propia de la comarca que presenta grandes casonas adaptadas al oficio de la arriería, la arquitectura con techumbres de pizarra y las casa casi extintas de soberas. Es una región tan misteriosa como fascinante, con costumbres ancestrales, ritos y tradiciones que fortalecen la impresionante riqueza etnográfica. Atravesada por el Camino de Santiago, en el municipio de Santa Colomba de Somoza, recibe cada año miles de peregrinos. Esta es mi tierra, la que me vio nacer, la que me alimenta, la que me cobija y me hiere. Es sin duda mi lugar en el mundo.

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