No es la primera vez que lo digo pero no será la última. El municipio de Santa Colomba de de Somoza es el útero donde se va troquelando mi vida. El pequeño pueblo de Andiñuela de Somoza es el reflejo de todas mis añoranzas, el lugar al que siempre quise regresar a encontrar el germen, el claustro paterno del origen de la vida. Allí se respira una energía que no alcanzo a saber si proviene de los primitivos rincones de sus paisajes, del aire denso cargado de historia y duro trabajo o de sus propias gentes, herederas de la sabiduría celta, de la memoria de los yacimientos auríferos o del enigmático vínculo con el Camino de Santiago pero cada vez que me adentro en sus calles es como si volviera a reencontrarme con una parte de mí que me sacude con intensidad pero que no acabo de saber descifrar.

Santa Colomba de Somoza es mi hogar, mi infancia. Todo lo que amo esta ahí. Sin ser el mejor lugar del mundo es sin duda mi lugar. Es el regazo que me da cobijo, manantial de versos, la razón más o menos amarga, más o menos dulce que me empuja a derramarme en tinta.

Sin ambos lugares no estaría completa. Las magulladuras que ambos lugares me dejan en el alma son necesarias, imprescindibles para esculpirme.

Esta es mi tierra, mi comarca, el útero de mi existencia y será tal vez mi cenotafio a los pies de un Sauce Blanco o como diríamos aquí, a los pies de una Palera.

Imagen del cuadro de Gil Burés
Certamen de pintura rápida INSITU SANTA COLOMBA cultural

ESTA TIERRA – Poema recitado del libro “De Musgo Y Piedra”