El 23 de agosto de 2019, es decir, hace apenas unos días recibo la llamada de D. Agustín Medina Conejo, Alcalde de Zahara de los Atunes (Cádiz) para darme la noticia de que recibo el 2º premio de poesía de su localidad en su IV Certamen. No puede más que expresarle mi agradecimiento y emoción, y también mi pesar por no poder acudir al acto de entrega ya que por cuestiones de salud el viaje resultaba demasiado largo en esos momentos.

La vida a veces se torna una verdadera carrera de obstáculos y una deja de querer grandes cosas y se contenta con poder contar con el tiempo suficiente para disfrutar de lo que le llena el alma. Mi alma de tinta ha sido premiada y eso significa mucho más de lo que cualquiera pueda llegar a imaginar.

El tema propuesto en este certamen era el campo. Imagino que en ese sentido tenía ventaja porque llevo el pueblo dentro, sus paisajes, sus costumbres, su duro trabajo y también su despertar al progreso. El mundo rural corre peligro y no porque no haya nada que hacer en el, ya que cada día más gente trabaja desde sus hogares y puede permitirse hacerlo desde casi desde cualquier parte del mundo si no porque estamos híper-estimulados y no nos atrevemos a vivir en un sano silencio con nosotros mismos.

Gracias a Zahara de los Atunes por estas actividades tan necesarias. Pronto nos conoceremos Y será un gran honor para mí poder visitarles.

Les dejo con el poema premiado.

SER FÉRTIL

FÉRTIL

Así quedará el campo que abono,
el de la tierra sin cultivo y la mies seca,
el de la cañada virgen y el huerto bruto,
yerto y extraño bajo la obra del mundo.
 
Un paisano pisando el mismo suelo que ocupo  
cosecha coplillas y amargas esperas
cautivo de su deber y con la certeza
de que volverá la labor a su tierra.
 
Cultiva tesón, arrojo y paciencia
leyendo en el mapa del cielo las fechas
No está vacía su austera labor,
ni presume de más que la vaca que ordeña.
 
Custodia las piedras y los arroyos cela,
sacude el tamo y atiende las nogueras.
Y sin saber si volverá el tiempo de la siega
baja los oteros ocultos entre la maleza.
 
Este templo del alma, este campo,
que bajo la bóveda celeste alimento
invoca terco a la espiga y al grano,
ruega por el fruto y la raíz que me puebla.
 
Hombre de campo, tú que miras
a la luz del astro rey, a la sombra de la encina
la cosecha de mis mantillos, de mis carnes secas
la simiente portentosa que nos devuelva la vida.
 
No olvides que esta campiña que abono
este cajón de limo y tierra fecunda
esta sed de savia, de pasto verde,
la amasan hora tras hora tus manos aguerridas.